Combatir el hambre, proyecto de todos
Miércoles 04 de Febrero de 2009 10:29
   
 

Textos olvidados de los Santos Padres,

sobre la “justa distribución de la riqueza”
 
   
   
   
  “Nosotras, mujeres del mundo entero, llamadas por la naturaleza a dar la vida, protegerla y alimentarla, no podemos aceptar por más tiempo que las fronteras del hambre se inscriban en nuestro globo con trazos de muerte”. Parece una apelación de hoy, pero son las palabras con las que las mujeres de la UMOFC, hace 50 años “declararon la guerra al hambre”. 
   
 Desde entonces, MANOS UNIDAS y sus colaboradores del Sur vienen escribiendo una historia de solidaridad con los hambrientos y empobrecidos de la tierra. La misión de Manos Unidas es estar en este mundo para comprenderlo y ayudar a cambiarlo. Hoy, el mundo está envuelto en múltiples crisis... pero al igual que hace 50 años, como las MUJERES DE ACCIÓN CATÓLICA -fundadoras de Manos Unidas- “sabemos y queremos que se sepa, que existen soluciones de vida, y que si la conciencia mundial reacciona”, ganaremos la guerra al hambre y a la injusticia. 
   
   
   
  Hoy hay más hambrientos que ayer

Erradicar la pobreza extrema y el hambre es el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio. En sintonía, el lema de la campaña de Manos Unidas para este año es “Combatir el hambre, proyecto de todos”. Según la FAO, en 1990, el hambre en el mundo disminuía. Entre los años 2000-2003, 848 millones de personas pasaban hambre. En el año 2006, según la FAO, los hambrientos eran 854 millones. En el año 2008, saltan las alertas porque las personas que pasan hambre han aumentado a 923 millones, de los cuales, 907 millones habitan en países en desarrollo. Además, 58 millones de mujeres darán a luz este año sin asistencia médica; 56 millones de niños y niñas de África y Asia ni siquiera han recibido educación primaria; 2.700 millones de seres humanos viven en la miseria absoluta, sin renta fija, sin trabajo, sin alimentos suficientes, sin alojamiento adecuado; más de 160 millones de personas sobreviven al día con menos de medio dólar... ¿Qué pasa para que, en un mundo cada vez más rico y con cosechas más abundantes, aumente el número de personas que pasan hambre? ¿Qué puede pasar si no ponemos soluciones?


El Hambre y sus causas

 En la lucha contra el hambre y la miseria es imprescindible identificar de manera acertada las causas. Detrás de esos miles de millones de seres humanos abocados a la exclusión, hay situaciones estructurales que condicionan la realidad y que hay que cambiar si queremos que esas personas recuperen su lugar en la historia y puedan vivir dignamente.

Las políticas de desarrollo equivocadas -orientadas a producir lo necesario para exportar, no lo que se necesita para vivir- promovidas por países ricos o por instituciones financieras internacionales; la corrupción política o económica que deja a los ciudadanos de los países empobrecidos sin protección ni apoyo; las leyes de comercio internacional injustas que benefician a los que ya tienen de sobra; la deuda externa y el modo de afrontarla; las situaciones de conflicto o violencia permanente a causa de la explotación y dominio de los recursos naturales; la marginación familiar y social de la mujer... Estas son algunas de las causas que provocan la miseria y el hambre.

La crisis alimentaria: Los analistas no se ponen de acuerdo sobre las causas del problema de la inseguridad alimentaria en los últimos años. Sin embargo, coinciden en que se debe fundamentalmente a tres causas. El detonante... el crecimiento de la demanda y el cambio de hábitos alimenticios. El aumento de la demanda de cereales y del consumo de carne por parte de China, India y Vietnam... incrementó la demanda de cereales. Producir un kilo de carne de vaca necesita ocho kilos de cereales.

El incentivo político, las subvenciones y las presiones sociales hacia la producción de agrocombustibles. En los últimos años, el 25-30% de la producción de maíz en EEUU se ha destinado a la producción de agrocombustibles... un tercio del grano que exportaban hace cinco años se gasta ahora en fabricar etanol. Se estima que un todoterreno consume en un solo depósito de bioetanol lo que necesita una familia africana para vivir todo un año. Hoy se consume más grano que el que se produce y a ritmo vertiginoso: las reservas acumuladas en los últimos cuatro años se están agotando. Según Amartya Sen [Nobel de Economía 1998] “el etanol vegetal provoca que los estómagos de los que pasan hambre compitan además con los depósitos de combustibles”.

En tercer lugar, la especulación financiera. El fracaso de las inversiones en sectores como el inmobiliario ha desviado la inversión a las materias primas. Entre 2007-2008, el precio de los alimentos básicos aumentó un 52%. El cereal que más subió es el arroz -que no se usa para producir bioetanol- pero también han subido el trigo, el maíz, la soja, la caña de azúcar...

Pero acabar con el hambre no es cuestión de producción... ya que actualmente, se producen alimentos para el doble de la población. Mientras, se estima que el 75% de los casi 3.000 millones de pobres son rurales y malviven de la agricultura de subsistencia; las ayudas a la agricultura, en los años 80, eran el 17% de los presupuestos gubernamentales del mundo... son de un 6%; la inversión agrícola se ha abandonado desde los años 80, se ha descuidado la dotación tecnológica para incrementar y mejorar la producción en países en desarrollo. El resultado... monotonía alimenticia, déficit de producción y abundancia de tierras improductivas.

El problema estructural es la falta de acceso a los recursos de producción y a los alimentos de 923 millones de personas. Y la crisis alimentaria pone en peligro todos los Objetivos del Milenio.


Una Ética de la Responsabilidad contra el Hambre

Manos Unidas se siente responsables de la pobreza y el hambre que sufren tantos hermanos y hermanas. Viviendo el compromiso por erradicar la injusticia como historia de encarnación en la vida de los más empobrecidos.... para que esas personas vivan en condiciones humanas. Con la firme convicción razonada de que el Norte desarrollado y rico es parte de los problemas del Sur. Provocando cambios en el Norte para que puedan darse cambios en el Sur.

Por eso, cada año, Manos Unidas lanza su campaña... que tiene dos vías: la sensibilización de la sociedad española y la obtención de fondos para financiar proyectos de desarrollo en los países empobrecidos del Sur.

Es necesario provocar un cambio de actitudes, valores y comportamientos en la vida cotidiana, en las políticas públicas y en las prácticas de las empresas. Muchas veces, el dinero y los beneficios tienen más derechos -y son puestos por delante- de los derechos y la justicia que se debe a las personas. No basta con pedir a unos para repartir entre otros... se necesita adoptar otro estilo de vida, otros criterios en las relaciones con los demás. Aquí y donde están los que más necesitan.


La Alimentación es un Derecho Fundamental

El hambre es la violación de un derecho fundamental; el derecho a la vida y a una existencia digna está unido de manera irrenunciable al derecho a alimentarse, y debe estar en el centro de la lucha contra el hambre y la pobreza. Poder alimentarse de manera suficiente debe ser declarado y asumido en las políticas nacionales e internacionales como un derecho fundamental, no como un derecho socioeconómico más.

Como dijo Jacques Diouf [Director General de FAO] “por derecho a la alimentación se entiende el derecho de todo ser humano a tener acceso regular a una alimentación suficiente, adecuada en el plano nutritivo y culturalmente aceptable, para desarrollar una vida sana y activa. Se trata del derecho de cada uno a alimentarse dignamente, en lugar de ser alimentado”.

No se trata sólo de tener acceso físico y económico a los alimentos adecuados de forma permanente, sino, además, de tener acceso a los medios para producir esos alimentos. “Lo que se impone es un cambio radical de óptica: el ciudadano ya no es un destinatario impotente, objeto de limosna, sino una persona que tiene derecho a gozar de un entorno que le permita alimentarse y, en su defecto, a recibir asistencia con total dignidad” [Jacques Diouf, 2007].

Aunque la necesidad de todo ser humano de alimentarse para vivir dignamente parece de sentido común, pocos países recogen dicho derecho en sus constituciones. La garantía de este derecho reside en tres estrategias fundamentales: la asistencia directa en caso de emergencia, la seguridad alimentaria y la soberanía alimentaria.

La asistencia alimentaria directa: Se necesita cuando hay una situación de urgencia, a causa de un conflicto (que provoca el desplazamiento de la población) o por un fenómeno extremo (que deviene en catástrofe por la vulnerabilidad de la población). A esta misión responde el Programa Mundial de Alimentos, que asiste a más de setenta millones de personas que sufren inseguridad crónica de alimentos. En el periodo 2000-2006, se redujo la disponibilidad de recursos en un 16%, pasando de más de 1.100 millones a unos 945 millones de euros. Con el plan de rescate financiero aprobado por EEUU y algunos países de la UE -entre ellos España- este Programa dejaría de ser necesario por muchos años.

La seguridad alimentaria: Se trata de producir alimentos seguros y sanos para la salud, evitando las formas de producción, elaboración y transformación que sean nocivas o no aceptables. Depende de cuatro factores: la disponibilidad de los alimentos, el acceso a una alimentación suficiente, la estabilidad de los suministros y la aceptación cultural de los alimentos o de ciertas asociaciones de alimentos. Toda persona tiene derecho a saber qué va a comer -frente a no saber si va a poder comer- porque puede producir los alimentos, los puede comprar o alguien se los va a proporcionar.

La soberanía alimentaria: Cada pueblo, como protagonista de su propia historia, tiene derecho a definir su política de producción, distribución y consumo de alimentos. A elegir la manera de que toda la población pueda alimentarse, respetando sus tradiciones y cultura, basándose en la pequeña y mediana producción, con su propia regulación de espacios rurales, agrícolas y pesqueros.

Se asienta en respetar y proteger los recursos genéticos y semillas que las propias comunidades han desarrollado a lo largo de la historia, en contra de la patentes sobre recursos vitales; en una agricultura y pesca vinculadas al territorio y a la comunidad que viven en ellos... para abastecer los mercados locales, en primer lugar, luego los nacionales y por último, plantear la exportación; en favorecer al pequeño agricultor, al que se reconoce el derecho básico de alimentar a su familia; en reconocer el papel de la mujer en la agricultura familiar y reivindicar que sus aportaciones deben ser valoradas y recompensadas justamente; en una agrigultura ecológica alternativa a la agricultura intensiva... capaz de garantizar el derecho de los pueblos a alimentarse, preservar el medio ambiente y cumplir con otros intereses públicos como la conservación de espacios protegidos; ligada a la reforma agraria y el desarrollo rural: “No se puede olvidar que la vulnerabilidad del mundo rural tiene repercusiones sobre la subsistencia individual y de las familias de los pequeños agricultores, si se les niega el acceso al mercado. Actuar coherentemente significa, por tanto, reconocer el papel insustituible de la familia rural, custodia de valores y canal natural de solidaridad en las relaciones entre las generaciones” [Benedicto XVI, Discurso FAO 2005].


La Opción por los Pobres

Los empobrecidos de la tierra son la opción primera. Su dignidad, conculcada injustamente por un orden mundial que antepone los intereses de unos pocos al bien común, debe ser restituida y ese es objetivo de Manos Unidas. Cada vez que alguien es ser privado para que otros acaparen más y mantengan así sus privilegios se está contra el plan de Dios.

Economía con solidaridad: Una economía basada en el crecimiento ilimitado con recursos limitados y constante consumo es insostenible. Hemos de pasar de la “dictadura del índice de crecimiento” y la acumulación a “vivir más con menos” [S. Latouche]. La producción de bienes tiene que estar al servicio de la satisfacción de necesidades humanas, y el consumo debe ser responsable. Todas las instituciones y mecanismos creados para el progreso deben estar comprometidas en lograr que todas las personas pueda vivir dignamente, respetando nuestro entorno para que nuestro modelo de desarrollo no comprometa la existencia del planeta en el futuro.

“Vivir más con menos”: Para lograr cambios duraderos y que tengan relevancia en el Sur, hemos de vivir de otra manera, adoptar costumbres menos consumistas, promover una educación más integral, implicarnos de modo más responsable en los problemas comunes y la búsqueda de soluciones.

El consumo responsable es una pieza fundamental en la lucha por la justicia. Un consumo justo, mediante el que todos puedan acceder a los bienes necesarios; un consumo ecológico, respetuoso con el medio ambiente; un consumo solidario, que fomente el comercio justo como alternativa al que responde sólo a criterios de beneficios de unos pocos y se rige por normas distintas según se pertenezca a unos países u otros; en definitiva, apoyar el derecho a consumir alimentos sanos y suficientes.

Entre las mejores opciones está la de usar el dinero de forma responsable y depositar nuestros ahorros en entidades que respondan éticamente de sus inversiones. Por ejemplo: estaríamos en contra de aquellas empresas o entidades financieras que usan su dinero o producen directamente armas, que practican la explotación infantil, que no respetan los derechos de los trabajadores, que usan publicidad engañosa, que dañan con sus actividades la naturaleza o perjudican a pueblos indefensos.

Una opción personal: Manos Unidas invita a cada persona a asumir su propia responsabilidad en la construcción de un mundo mejor. Como trabajadores, consumidores, ahorradores e inversores y contribuyentes, todos podemos comprometernos tratando de convertir el egoísmo en solidaridad, la insensibilidad en compasión, la ignorancia en conocimiento de la realidad, la indiferencia en conciencia responsable. Así, entre todos lograremos transformar: las tierras áridas en campos de cultivo, el agua en salud y en alimentos, el analfabetismo en conocimiento de los propios derechos y el descubrimiento de las propias posibilidades, el desempleo en iniciativas de economía solidaria. El compromiso de todos es acabar con la miseria que provoca la muerte de tantos millones de personas que esperan nuestra respuesta.
 
   
   
   
  Más Información:

Web Manos Unidas .

Manifiesto de la UMOFC: “Declaramos la guerra al hambre”.
 
   
Última actualización el Martes 10 de Febrero de 2009 20:24
 
 

   
   
   
   
   
   
   
   
   

On line

Tenemos 12 invitados conectado