• Preparando el domingo adultos

Preparando el Domingo (Adultos y Jóvenes)

“SE ACERCA VUESTRA LIBERACIÓN”  

28 de noviembre de 2021 (DOMINGO DE ADVIENTO)

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consiliarios ACG



PRIMERA LECTURA:
“Suscitaré a David un vástago legítimo” (Jeremías 33, 14-16)

SALMO:
”A Ti, Señor, levanto mis ojos” (Salmo 24)

SEGUNDA LECTURA:
“Que el Señor os fortalezca internamente, para cuando venga Jesús” (1 Tesalonicense 3,2-4,2)

EVANGELIO:
“Se acerca vuestra liberación” (Lucas 21, 25-28.34-36)

«Habrá señales en el sol, en la luna y en los astros; las naciones estarán angustiadas en la tierra y enloquecidas por el estruendo del mar y de las olas; los hombres, muertos de terror y de ansiedad por lo que se le echa encima al mundo, pues las columnas de los cielos se tambalearán. Entonces verán al hijo del hombre venir en una nube con gran poder y majestad. Cuando comiencen a suceder estas cosas, tened ánimo y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación». «Cuidad de que vuestros corazones no se emboten por el vicio, la borrachera y las preocupaciones de la vida, y caiga de improviso sobre vosotros este día como un lazo, porque así vendrá ese día sobre todos los habitantes de la tierra. Estad alerta y orad en todo momento para que podáis libraros de todo lo que ha de venir y presentaros ante el Hijo del hombre». (Lucas 21, 25-28.34-36)

LA ÚLTIMA ESPERANZA 


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    Es muy frecuente, en películas sobre catástrofes, que el o la protagonista sean “la última esperanza” para salvar a un grupo de personas o a la humanidad entera, porque todo lo demás ha fracasado. En ocasiones, el o la protagonista, además de salvar a los demás, también se salva a sí mismo, pero otras veces sacrifica su propia vida por el bien de los demás, lo que da más emoción a la película.

     
     

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    Desde hace varias décadas estamos asistiendo al deterioro progresivo de nuestro planeta y de nuestra sociedad, que presentan un escenario apocalíptico, del cual la crisis del coronavirus ha sido el último exponente: el cambio climático y sus consecuencias resultan alarmantes; se producen lluvias torrenciales e inundaciones cada vez más violentas, a la vez que aumenta la sequía y la desertización; la amenaza del terrorismo y de las guerras está siempre presente; el hambre sigue afectando a millones de personas en todo el mundo; el aumento del precio de la electricidad y otros productos afecta a cada vez más a más gente; hay una sensación de que las leyes no tienen efectividad real, porque se incumplen empezando por quienes deberían dar ejemplo; en muchos casos se privilegia el derecho del delincuente por encima del de la víctima; crece el individualismo, se tiene un sentimiento de impunidad y se pasan por alto leyes, normas y valores; no se valora el trabajo ni el esfuerzo, porque al final, “va a dar lo mismo”… Y se podrían poner muchos más ejemplos.

    Todo esto provoca angustia de las gentes, como decía Jesús en el Evangelio, desfalleciendo por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo; muchos no quieren pensar en ello y, como también decía Jesús, embotan sus corazones con juergas y borracheras, porque el futuro se presenta muy negro y no se ve una vía de solución.

    Sin embargo, como también hemos escuchado en el Evangelio, cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación. Nos queda la última esperanza: Entonces verán al Hijo del hombre venir con gran poder y gloria. El tiempo de Adviento, que hoy comenzamos, es el tiempo de la espera y el tiempo de la esperanza: y nuestra esperanza es Cristo.

    Precisamente porque todo está como está, se nos ofrece el Adviento para preparar el camino del Señor, nuestra última esperanza, porque todo lo demás que estamos intentando, sin contar con Él, ha fracasado. Él ha entregado su vida por nosotros pero, a diferencia de los protagonistas de las películas, Él ha resucitado para mostrarse como vencedor de la muerte y, por eso, es la verdadera y última esperanza de salvación para toda la humanidad.

    Por eso, desde hoy, hemos de estar despiertos, como nos pedía Jesús, porque corremos el peligro de que se emboten nuestros corazones con los preparativos externos de la Navidad y con las inquietudes de la vida. Necesitamos estar despiertos para descubrir los signos de la presencia y acción de Cristo, nuestra última esperanza, porque “el mismo Señor que se nos mostrará entonces lleno de gloria, viene ahora a nuestro encuentro, en cada persona y en cada acontecimiento, para que lo recibamos en la fe y, por el amor, demos testimonio de la espera dichosa de su Reino” (Prefacio III de Adviento).

     
     

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    ¿Qué sentimientos me produce la situación actual del mundo, de la sociedad, de las personas? ¿Pienso que hay alguna salida? ¿Es Cristo mi última esperanza? ¿Cómo voy a aprovechar el Adviento para descubrir los signos de su presencia en las personas y en los acontecimientos?

    El Señor nos ofrece un nuevo ciclo litúrgico, un nuevo Adviento. Y tenemos todo lo necesario para aprovecharlo, como recordaba san Pablo en la 2ª lectura: Ya habéis aprendido cómo comportarse para agradar a Dios; pues comportaos así y seguid adelante. Ya conocéis las instrucciones que os dimos… No necesitamos inventar nada ni hacer grandes proyectos, sino cuidar la oración, la Eucaristía, la reconciliación, la formación y, como consecuencia, el compromiso por los demás. Como dice el Prefacio, cada persona y cada acontecimiento es una oportunidad para encontrarnos con Cristo y, por el amor, dar testimonio de nuestra esperanza, llevando a la práctica todas las implicaciones que la fe en Cristo tiene en lo personal y familiar, en lo social, en lo eclesial, en lo laboral, en lo político, en lo económico… Eso nos hará levantar la cabeza, porque así estaremos preparando el camino del Señor, la última esperanza de salvación, para nosotros y para toda la humanidad.

     
     

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