Una Espiritualidad Laical para Evangelizar el Mundo PDF Imprimir E-mail
Jueves, 29 de Noviembre de 2007 11:14
   
  La Espiritualidad de la ACG

Mons. Carlos Osoro Sierra - Arzobispo de Oviedo

Cuando nos ponemos a leer las Bases Generales de la Acción Católica Española, encontramos la belleza de toda una teología de fondo y forma, junto con una mística y estilo singular con el que necesariamente han de vivir todos los miembros de la ACG. Todos sus miembros -niños, jóvenes y adultos- han de vivir con una manera de estar en el mundo tan singular, que sólo se explica desde el modo de entender la vida de quien se ha encontrado con Jesucristo.
 
 
   
  Para un cristiano es muy difícil negar que estemos en la era del Espíritu. Son muchos los que hoy hablan de esta era, quizá por la asfixia que se produce en la civilización occidental y que se ha trasladado a otras latitudes de la tierra. Un mundo que no solamente se cierra a la trascendencia, sino también a la verdadera sabiduría... es normal que sienta que sólo el Espíritu es el único resorte capaz de suscitar una vida más humana, más a tono con la dignidad del ser humano. La espiritualidad de la ACG, lleva a abrirnos cada día más a Dios y a los hombres, a descubrir que la vida plenamente humana es la que se genera en el encuentro con quien tiene las medidas reales del ser humano que es Jesucristo... y quien se atreve con la fuerza del Espíritu a vivirlas en medio de este mundo con todos los compromisos que esto conlleva.

 Es cierto, que un cristiano no puede negar que estamos en la era del Espíritu. Para el cristiano es la razón fundamental, porque es el mismo Jesús Resucitado quien ha enviado su Espíritu y éste permanece con los hombres hasta el fin del mundo. De ahí que la espiritualidad cristiana -o la vida espiritual en la vida de una persona- es la vida de un ser humano que se deja guiar, animar e impulsar por el Espíritu con todas las consecuencias. ¡Qué fuerza tiene para nosotros descubrir que la vida espiritual, nace del encuentro con el mismo Jesucristo! ¡Y qué necesidad tan grande de que los hombres conozcan a Jesucristo y se encuentren con Él! ¡Qué garantía da el saber y experimentar que en ese encuentro con el Señor, Él, nos entrega el don de su Espíritu que nos transforma internamente y hace de todos nosotros criaturas nuevas por los Sacramentos de la Iniciación cristiana como son el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía!

La espiritualidad que se genera por la fe cristiana, en ese encuentro con Jesucristo, implica toda la vida humana. Y aunque es verdad que la espiritualidad cristiana es común a todos los bautizados y se tiene que apoyar necesariamente en el
“encuentro”, la “fe” y el “seguimiento”, es decir, vivir el encuentro con Dios en Jesucristo, seguir a Jesús en sus actitudes fundamentales y vivir la fe que ese encuentro y seguimiento implican; sin embargo en los militantes de la ACG, esta espiritualidad que es la común, tiene también unas notas singulares que la caracterizan, como es el vivir con todas las consecuencias la condición de ciudadanos del mundo y miembros de la Iglesia.

Cuando un cristiano se ha encontrado con el Señor y ha recibido de Él su Espíritu, toda su vida queda polarizada -vital y existencialmente- en torno a Jesucristo, que nos hace vivir la novedad de la
“vida nueva” establecida en nosotros por nuestra comunión con Él en el Espíritu. Por eso la espiritualidad de la ACG que se genera, en esos niños, jóvenes y adultos que tienen una preocupación especial por la evangelización del mundo, les da -al vivir en el Espíritu de Jesús- un nuevo modo de ser, de sentir, de pensar, de vivir y de afrontar la realidad, tanto a nivel personal como a nivel social. De tal manera esto es así, que la espiritualidad y el compromiso es lo más característico del militante. ¿Quién es un militante de ACG? Aquél que “desde la experiencia profunda de la gratuidad del don recibido y dejándose guiar por el Espíritu Santo, busca siempre ahondar en la unidad entre la comunión con Dios y con el prójimo, entre la oración y el compromiso, entre la contemplación y la acción, entre la gratuidad y la entrega” [cf. La ACG. Nueva configuración. Anteproyecto “A vino nuevo, odres nuevos”].

Para alimentar bien la vida espiritual de los miembros de la ACG, ya sean niños, jóvenes o adultos, es necesario no olvidar las cuatro notas que distinguen a la ACG y que vienen recogidas por el Concilio Vaticano II [AA 20]:
1) asumir como propio el fin apostólico de la Iglesia realizado en la comunidad parroquial la Diócesis; 2) estar dirigida por sus propios miembros, ya sean niños, jóvenes o adultos; 3) trabajar unidos -niños, jóvenes y adultos- para manifiesta mejor que la Iglesia es comunidad y también para ser más eficaces apostólicamente; y 4) actuar con una especia vinculación con el Ministerio Pastoral de la Jerarquía en la Diócesis y en la parroquia.

Estas notas han de ser vividas por esa espiritualidad de la ACG que realiza una síntesis entre
oración y compromiso apostólico, experiencia espiritual y compromiso con el mundo, contemplación y acción, sentido de la Iglesia y sensibilidad social. No puede existir ruptura en esa síntesis si es que se desea vivir la espiritualidad cristiana auténtica y no desvirtuarla. La ACG desea tomar en serio lo que es nuclear de la espiritualidad cristiana, y vivirlo y expresarlo desde la situación y cultura nuestra. Ese núcleo cristiano genuino, aparece claramente en el Evangelio, en la tradición de la Iglesia y en todos los grandes santos de la Iglesia.

La espiritualidad está íntimamente ligada a la misión. No podemos separarla de la misión. Y tiene que impulsar siempre a la vocación universal a la santidad a la que estamos llamados. Por eso los Sacramentos, -especialmente la Eucaristía y la Penitencia-, la oración, la acción, la formación, la escucha de la Palabra, la revisión de vida y el acompañamiento espiritual serán unos medios imprescindibles para vivir la espiritualidad en los militantes de la ACG. Con la seguridad de que vivir así, animará a los laicos al seguimiento de Jesucristo, a ser coherentes entre la fe que profesan y la vida que tienen y a hacerse presentes en el mundo, en todos los ámbitos y tareas que realicen en la vida pública, a vivir en la fidelidad a Jesucristo.
 
 
Última actualización el Jueves, 20 de Noviembre de 2008 11:34