Renovarnos... para ser fieles a nosotros mismos PDF Imprimir E-mail
Miércoles, 14 de Noviembre de 2007 10:32
   
  Ante la próxima celebración de la Asamblea Conjunta de los Movimientos de Acción Católica General, Gracia Rodríguez Gállego [Presidenta Nacional de la Acción Católica General de Adultos] nos aporta su visión del proceso vivido hasta ahora. 
   
   
   
  Hace poco más de dos años que ocupo la tarea de Presidenta de ACGA, y me gusta pensar que por “una gracia de Dios” o sea, por un detalle de su buen humor para conmigo. Y ahora, más en serio... tengo que decir que este tiempo está siendo para mí un gran privilegio. Ser parte de esta organización es una gran riqueza, sobre todo por las personas que la forman, por la experiencia eclesial que supone y, también, por que estoy plenamente convencida de que la Acción Católica, General y Especializada en la Iglesia Española es un autentico Don el Espíritu Santo.

Y pensé que aquí iba coger más parte “no es por otra cosa por lo que me vine a Madrid”.

 Algunos y algunas me dicen que estar por aquí me ha sentado bien, que me ven más guapa. Claro que el maquillaje y unos peluqueros estilosos que he conocido, hacen también lo suyo, pero en fin... no puedo ocultaros que estoy contenta, que mi corazón está lleno de alegría. Ser parte de esta realidad es un verdadero regalo.

Hace algunos años más, en mi Parroquia, comencé a saborear que era parte de la Iglesia (un ladrillito de su edificio) y fui tomando conciencia de lo que eso podía significar en mi vida. En aquellos momentos esta realidad se abrió ante mí como algo desconcertante, complejo y a la vez como una aventura apasionante.

Poco a poco fui descubriendo algunas cosas más de la Iglesia; que es misterio de comunión del Amor Trinitario, una realidad, que no puede darse por definitivamente edificada pues constantemente tiene que abrirse y mirar de nuevo a Aquel que padeció fuera de la puerta, la comunidad que no tiene aquí ciudad permanente, sino que anda buscando la del futuro [Cf. Heb 13, 12].

La Iglesia, ese Cuerpo cuya cabeza es Cristo, de quien todo el cuerpo recibe trabazón y cohesión por medio de toda clase de uniones que llevan a nutrirlo según la actividad propias de cada una de la partes, generando así el crecimiento del cuerpo para ser edificado en el amor [Cf. Ef 4, 16]. En ella se encuentra su cuerpo crucificado y resucitado, en ella se encuentra la humanidad que el adoptó. Esta Iglesia, que es la comunidad de aquellos y aquellas que han experimentado la misericordia de la Palabra de la Gracia.

Hoy -con un poco más de recorrido y un poco más de conciencia de lo que es para mi la Fe en Jesucristo y la Iglesia- he de reconocer que estas dos realidades, intrínsecamente unidas y que no han dejado de parecerme desconcertantes, se han convertido en la pasión y la clave mi vida. Y la Acción Católica un cauce privilegiado que me ayuda a vivirlas con intensidad.

En cuanto a este proceso en el que estamos embarcados los tres Movimientos de Acción Católica General, para apostar por una nueva configuración, se me ocurre organizar lo que voy teniendo en mi “desordenada habitación y cabeza” en estos tres momentos.

El Pasado...

Estaba lleno de cuestiones que a menudo desconocía, pues no hace mucho que entré en esta familia y conozco mejor la ACGA que a los otros dos. De algunas de ellas me he ido enterando, he aprendido mucho de sus militantes, en especial de su dos Comisiones Permanentes, que han sido unos estupendos compañeros de camino en estos dos cursos. Siento gran respeto por las personas y la historia de cada una de las tres realidades que formamos la Acción Católica General. Sé que la concreción de cada una de ellas proviene del amor, del compromiso de llevar la Buena Noticia del Evangelio a los niños, a los jóvenes y a los adultos... y en especial a los más empobrecidos y excluidos de nuestra sociedad. Creo que es algo de lo que debemos estar orgullosos.

De otras cuestiones deciros que “estoy en ello”, aunque a veces voy con la lengua fuera... y de otras, no creo que pueda entenderlas y tampoco me preocupa seriamente. Espero no molestar a nadie, pero algunas cosas me superan, y reconozco que otras me irritan: términos, inercias adquiridas y fórmulas de funcionamiento que parecen más aditamentos ideológicos que claves evangélicas y trato entre verdaderos hermanos. Además, algunas de las cosas más importantes de la vida las siento como un misterio inabarcable y quisiera asumirlas con agradecimiento... y dejar estas cuestiones en manos de la amorosa misericordia de Dios con todos nosotros.

Y como con el ayer ya no contamos y “a cada día le basta su propio afán” [Mt 6, 34]... vamos con...

El Presente...

Todos sabemos de la bendición que es formar parte de ellos, y de todo lo que nos aporta la vida de sus equipos, la calidad y calidez humana con la que queremos formarnos y conformarnos para ser testigos esperanzados del Resucitado en nuestro mundo. Para participar en la tarea evangelizadora de nuestras Iglesias locales. Para Cristificar la realidad en la que vivimos.

Pero creo que también somos conscientes de nuestra precariedad y debilidad. En concreto, en Adultos, muchas diócesis estamos una situación de estancamiento a muchos niveles; se van incorporando grupos y diócesis con dificultades; es complicado que se de una renovación en tareas de responsabilidad; es complejo presentar e ilusionar al clero diocesano con esta realidad asociativa; y, lo más triste es que, en esta situación, muchas veces no tenemos las energías y los recursos adecuados para llevar a cabo el servicio y la misión que da sentido a nuestras estructuras.

Seguramente que los miembros de los otros dos Movimientos vivís este presente de forma diferente a como lo vivo yo... pero sé de primera mano que no dejáis de tener también vuestra experiencia de Gracia y de Pecado, de riqueza y de debilidad.

En muchas diócesis no existe alguno de los tres movimientos y es casi milagroso que se den los tres juntos en una misma parroquia o arciprestazgo. Esto supone una gran interpelación para todos nosotros y un gran reto al que quizás no hemos sabido, o no hemos podido, dar respuesta.

Nos cuesta bastante asumir el compromiso que nos corresponde a cada uno de los implicados en la AC, y en nuestro caso en la ACG, (no sólo a los laicos que formamos parte de ella) en los proyectos sobre AC recogidos por los Obispos españoles en 1991 en el documento “Los cristianos laicos, Iglesia en el mundo” [CLIM, 124-128] y lo que tenemos en cada uno de nuestros Estatutos. Y a veces tengo la impresión de que nos fabricamos cada uno una Acción Católica General a nuestra imagen y semejanza, cuando gracias a Dios y por empeño suyo ya está creada y para mi gusto... muy bien creada.

Me he tomado la libertad de tomar lo que decía una persona muy querida para la AC, D. José Mª Conget, el anterior Obispo Consiliario de la AC en la presentación de nuestros Estatutos... y no creo que a él le moleste que las aplique al momento actual de los tres movimientos de ACG: “Si alguien se puede enriquecer con este Movimiento (ACGA) son las Parroquias. Si quieren ser misioneras necesitan una presencia mayor, más cualificada y responsable de seglares creyentes. La AC nació en la Parroquia, tiene una larga historia de vida parroquial y quiere y puede aportar a la Parroquia su experiencia, sus planes formativos, su organización, su vitalidad”. Yo aplicaría esto mismo a esta nueva realidad de ACG que queremos construir.

El proceso de de trabajo de elaboración del Anteproyecto de ACG, “A vino nuevo, odres nuevos”, y el posterior trabajo de reflexión nos ha obligado a que le demos muchas vueltas a los documentos más importantes que nos definen. Y junto a esto, el diálogo con los militantes y el trabajo en los plenos, ha sido para mi y creo que para la Comisiones Permanentes de los tres movimientos, una ocasión de ahondar más en lo que somos y debemos ser, de experimentar que era necesario replantear algunas cuestiones para, precisamente, ser fieles a nosotros mismos. Porque la Acción Católica como la Iglesia misma es una realidad viva que tiene que encarnarse y adaptarse a las necesidades que se plantean.

Esto ha provocado en todos los que estamos embarcados en esto un verdadero proceso de conversión y purificación. Un verdadero ejercicio de Fe y confianza en el Señor y en los hermanos, que posibilitara distinguir lo nuclear y prioritario en nuestra forma asociativa, lo que podíamos o debíamos dejar en el camino... aunque esto pudiera ocasionar desconcierto y ciertas dosis de sufrimiento. Pero es nuestra tarea asumir con madurez y responsabilidad lo que creemos que es la mejor opción para el presente y el futuro de la Acción Católica General, y para ser cada vez más un instrumento al servicio de la Iglesia y de sociedad. Y ese es el espíritu que debe movernos a participar en la Asamblea que celebraremos en Huesca dentro de poco.

...y el Futuro

Creo que todos somos conscientes de que pasar de ser tres Movimientos como actualmente somos a ser un Movimiento de ACG con tres sectores -Niños, Jóvenes y Adultos- no es ninguna fórmula mágica que de la noche a la mañana va ser la respuesta a nuestras inquietudes y va a resolver nuestros problemas más profundos.

Si nos ponemos manos a la obra... esto sólo se hará con trabajo y muchas dosis de confianza e ilusión. Con ayuno de nuestras comodidades e individualismos y con oración. Y sobre todo siendo dóciles al Espíritu Santo, que seguro que si le dejamos irá abriéndonos las entendederas y dando algo de claridad esto líos que nos traemos entre manos.

Este camino va a suponer algunos esfuerzos y vamos a necesitar diálogo y compresión mutua, como todo lo que representa un cambio en cualquier realidad asociativa. Para todos, este proyecto es una novedad, aunque para algunos suponga más cambios que para otros.

Creo representar el sentir de gran parte de los militantes de ACGA, y de los miembros de la Comisión Permanente, si digo que este proceso lo hemos acogido y vivido con alegría y esperanza. Que intuíamos que un proceso natural de relación, de mayor coordinación y mayor coherencia con la misión de cada una de las tres realidades a nivel parroquial y diocesano como veníamos planteándonos en los tres Movimientos desde hace unos años... podría conducirnos hacia una propuesta como esta. De hecho sabemos que algunas experiencias diocesanas que han sido “más adelantadas” por ese camino, han visto esto claro desde el principio. Otros lo han vivido como un deseo aunque no lo vivieran diocesanamente. Y bueno, más tarde de lo conveniente para algunos y antes de lo que imaginaban otros, tenemos ante nosotros esta decisión.

Vivamos este futuro de la ACG que tenemos que ayudar a construir con confianza... y que sea lo que Dios quiera.
 
 
Última actualización el Jueves, 20 de Noviembre de 2008 11:07