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Miércoles, 14 de Noviembre de 2007 10:20
   
  Ante la próxima celebración de la Asamblea conjunta de los Movimientos de Acción Católica General, Virginia Burgos Venero [Presidenta General del Movimiento de Jóvenes de Acción Católica] nos aporta su visión del proceso vivido hasta ahora. 
   
 
 
   
  No sé si habéis estado alguna vez en la biblioteca del MJAC, aquí en Madrid, en la sede de Alfonso XI. Es una habitación recogidita, con estanterías llenas de libros que dicen más cosas de las que se leen, un sofá acogedor de siestas y una mesa de madera color vino, estrecha... para acercar posturas con el de enfrente. No es una habitación muy luminosa porque da a un patio interior, por el que alguna vez se oyen conversaciones de vecinos al más puro estilo barrio entre las muchachas de la JEC y del MJAC, los del Junior y los muchachos de la JOC. Aunque, sobre todo... se oyen los dispositivos -nada silenciosos- de aire acondicionado de la COPE.

 Bien, pues en esa biblioteca estudiamos la Comisión Permanente del Movimiento de Jóvenes de Acción Católica la mayoría de las enmiendas. Y ahí fue dónde -después de intensas horas de estudio- María, “Mi María”, María Fustero, la Responsable General de Iniciación, con el ímpetu y el arrojo que la caracterizan nos dijo a Juan, el Consiliario General, y a mí: “Juramentemos que esta noche acabamos las 400 enmiendas”... y allí nos hizo todo un ritual de cruzar meñiques y de brindar con Pacharán. Una hora después rendida, dormía en el sofá.

Creo que esto ilustra muy bien el trabajo de muchos militantes, equipos y diócesis del MJAC, en las que se cogió con ilusión este proceso de enmiendas y votaciones... pero al que muchos se han tenido que rendir “por agotamiento”, porque requería más horas de las que el tiempo disponible permitía, porque el trabajo requería minuciosidad. Y esa minuciosidad, dominio de documentos de la Iglesia, de la AC y de MJAC... con una soltura que no se nos había exigido hasta ahora y de la que, por tanto, muchos carecíamos.

Continuando con mi anécdota, cuando María abrió el ojo, más de una hora después, la biblioteca -que se quedó pequeña para recoger tanta carcajada: “¡juramentemos, juramentemos!”, “¡en una noche!”, “¡las 400!”...- aún intenta salir airosa de aquello.

Por supuesto no acabamos esa noche, ni la siguiente, ni la siguiente...

De esas sentadas salió nuestro documento de valoraciones a las enmiendas... ¡muy bueno, por cierto!. Desde aquí recomiendo, una vez más, la lectura pausada y detenida de su introducción. Nos pareció en ese momento, y hoy nos ratificamos en ello, la mejor manera de servir a las diócesis ante lo desproporcionado de votar 800 enmiendas y la necesidad patente de profundizar en algunas cuestiones importantes.

El trabajo con María y con Juan fue una gozada. Nunca habíamos dedicado los tres juntos tantas horas a una misma tarea. Discutimos hasta tirarnos de los pelos, palidecimos ante la capacidad de Juan para retener datos, padecimos sus chapitas y nos reímos hasta que fue incompatible con respirar.

Y, con ese menear de papeles, documentos, tochos de enmiendas y valoraciones... para nosotros y también para el resto de jóvenes del Movimiento, el Anteproyecto pasó de ser algo extraño, inquietante e incluso antipático, a ser, por lo menos, algo más familiar, cercano y propio. Tanto, que seguro resulta dramático cambiarlo de nombre cuando se apruebe, porque dejará de llamarse Ante-proyecto, por cuestiones obvias.

Volviendo a la sede... frente a la biblioteca está el archivo y un día, tras sumergirme en sus armarios ignífugos y sus archivadores numerados, bajo la supervisión de Aurora -experta documentalista y ecónomo- encontré actas, envíos de diócesis y otros documentos de los meses previos a la constitución del Movimiento de Jóvenes de Acción Católica en 1996; papeles de JAC que recogen las conversaciones con el Movimiento de Jóvenes de Andalucía; de los miedos de ambos, de sus reticencias, de sus peculiaridades, de los nombres distintos que daban a las mismas cosas, de sus ilusiones y deseos... Si no fuera porque muchos estaban escritos a mano o con máquina de escribir... habría podido pensar que todos esos papeles estaban fechados en el 2007.

Pero, cuan admirables me resultan, porque son, los jóvenes del Movimiento (ahora entiendo a las abuelas cuando creen que sus nietos son los más guapos y los más listos, superdotados se atreven a decir algunas), reconociendo no saberlo todo han podido confiar en el trabajo de otros... sin perder la inquietud por formarse. Han sabido aceptar las diferencias existentes entre las diócesis y los tres Movimientos aprovechando para conocerlas y admirarlas. Y haciendo de todo esto una oración han buscado la esencia y la han abrazado con ilusión: “El reino de Dios es semejante a un tesoro escondido en el campo. El que lo encuentra lo esconde y, lleno de alegría va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo”.

Y si la lectura de todo este proceso es positiva, cuanto más será la visión de lo que está por llegar. Aunque... como le he escuchado decir a un joven, del grupo de los militantes que nacimos antes que Naranjito “...enriquecemos el MJAC aunque nosotros ya no podamos disfrutarlo”. Y desde aquí mando una petición a los militantes de ACGA para que nos dejen un sector de adultos bien hermoso.

Y ante nosotros, una oportunidad en la que:

El Movimiento buscará el sitio al que pertenece... y lo encontrará en la parroquia. Y dichoso al encontrarse en ella porque se quitará complejos que le rondan hace tiempo. ¡Dignifiquemos ser parroquianos!

Los jóvenes podremos vivir nuestra militancia cristiana sin cargarla de activismo, en una llamada a vernos pequeños, a descubrir a Cristo como el transformador primero.

Los jóvenes seguiremos formándonos de forma integral... pero ahora facilitando que sea también una formación continua. Y los niños tendrán la oportunidad de vivir un proceso que no tendrá que ser de nuevo “iniciado” a medida que van creciendo.

Nuestros referentes no se limitaran a los jóvenes más mayores del Movimiento, sino que podremos encontrar referentes adultos que nos ayuden a seguir caminando más allá de los treinta.

La organización mirará a la diócesis y no tanto a los papeles del nivel general. Y evitará liarse en organizaciones de zona. Con ello podremos estar más atentos a la vida de los chavales de nuestras parroquias.

La estructura se vivirá más ligera, con comisiones formadas por jóvenes y por adultos, se repartirán las tareas y los cargos... pero sin diluir responsabilidades, por lo que podremos dedicar más energías en lo que nos apasiona, los jóvenes.

Y más intuiciones a las que me falta habilidad para poner palabras... pero que todas ellas coinciden en un caminar con ilusión hacia ser más Iglesia y a dejarnos convertir por Cristo, las veces que haga falta. Y así llegar a los jóvenes que no están, los que se sitúan alejados, aunque estén cerca, en el barrio, a los que verdaderamente queremos dar respuesta.

Y que lo hagamos como somos, con ese aire desenfadado que nos caracteriza, con una ilusión desbordante, con la confianza puesta en el Padre y sin dejar de disfrutar de la puesta en marcha de este Proyecto... y más allá.
 
 
Última actualización el Jueves, 20 de Noviembre de 2008 11:06