"Esto será un profundo testimonio de comunión y corresponsabilidad eclesial" PDF Imprimir E-mail
Lunes, 12 de Noviembre de 2007 11:44
   
  Mons. Atilano Rodríguez, obispo de Ciudad Rodrigo y Consiliario de la Acción Católica Española nos aporta su visión sobre el camino que los tres Movimientos de la ACG han recorrido hasta llegar a la Asamblea Conjunta. 
   
   
   
  ¿Desde dónde debemos situarnos para afrontar la decisión que nos plantea el momento actual de la Acción Católica General? ¿Cuál es el marco en el que nos movemos?

 Para hacer el análisis de la realidad de la Acción Católica en este momento y para adoptar las decisiones oportunas, debemos situarnos en una actitud profundamente creyente, de gran amor a la Iglesia y a la Acción Católica. Cualquier otra posición dentro de la Iglesia carece de sentido. Hemos de escuchar la voz de Dios, que llega a nosotros por medio de la oración, de la meditación de su Palabra y de la contemplación de la realidad. La acogida sincera de la voluntad de Dios debe orientar siempre las decisiones y las actuaciones de los cristianos y, por tanto, las decisiones de quienes, dentro de la Iglesia, son miembros de los movimientos de Acción Católica.

Por otra parte, hemos de ver la misión de la Acción Católica en el marco de la misión de la Iglesia. Los movimientos de Acción Católica no pueden perder nunca esta perspectiva eclesial, porque de lo contrario estarían traicionando sus notas de identidad. Dejarían de ser Acción Católica. Esto significa que cualquier decisión debe tomarse siempre desde la comunión eclesial y desde la conciencia de ser enviados por el Señor para ser sus testigos en cada momento de la historia.

No son pocos los que intuyen una participación decisoria de la jerarquía de la Iglesia en España en este proceso que vive la Acción Católica General. ¿Cuál ha sido la participación de los Obispos en la inspiración, génesis y puesta en marcha del Anteproyecto?

Yo he conocido desde el primer momento la intención de las Comisiones de los tres movimientos de Acción Católica General de hacer una reflexión con el fin de llevar a cabo un trabajo pastoral más conjuntado y de mayor colaboración. Les he animado a hacerlo desde las notas de identidad, desde las bases de la Acción Católica y desde la mirada puesta en la nueva evangelización.

A partir de ese momento los miembros de estas Comisiones han orado y dialogado pacientemente hasta llegar a la redacción del Anteproyecto que, una vez redactado, fue presentado a todos los Plenos Generales y a las Comisiones diocesanas para que lo estudiasen, valorasen el contenido del mismo y aportasen las enmiendas que considerasen oportunas para su enriquecimiento.

Con el visto bueno de las Comisiones Generales, yo mismo lo he presentado a los obispos miembros de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, puesto que por mi responsabilidad como Consiliario de la Acción Católica debo hacerles partícipes de los proyectos e inquietudes de la misma para que emitan su juicio en cada caso.

Debo decir que todos los obispos han visto de forma positiva el Anteproyecto por su buena fundamentación en la Palabra de Dios, en la eclesiología de comunión y en los estatutos de la Acción Católica.

Esta es toda la verdad sobre la redacción del Anteproyecto. El que diga otra cosa, se engaña a sí mismo y puede confundir a otros.

¿Cómo se sitúan los Obispos españoles ante el Anteproyecto de Nueva Configuración de la Acción Católica General?

La Acción Católica tiene su razón de ser por su pertenencia e implantación en las diócesis. Es esencialmente diocesana. La evangelización, que es la misión de la Iglesia y, por tanto, de la Acción Católica, no se lleva a cabo en abstracto; tiene que concretarse en una Iglesia particular. La Acción Católica nace en el seno de la Iglesia diocesana, pertenece a la diócesis y recibe su apoyo para cumplir la misión confiada por el Señor en la diócesis. Aunque tenga una organización nacional, esencialmente es diocesana.

Es en cada diócesis donde los cristianos laicos pertenecientes a los movimientos deben trabajar en íntima comunión con el Obispo y los sacerdotes, cumpliendo así con la cuarta nota señalada por el Concilio Vaticano II y asumiendo los proyectos y los planes pastorales de la diócesis.

Por esta razón, yo he pedido a los movimientos que hablen con sus obispos respectivos para que sean ellos los que, después del oportuno diálogo, decidan lo más oportuno teniendo en cuenta la realidad diocesana. Las respuestas, que he recibido de algunos obispos sobre el Anteproyecto, valoran muy positivamente la fusión de los movimientos generales, pensando en el bien de la Iglesia y en la misión evangelizadora de los movimientos.

¿Cómo valora el proceso llevado hasta ahora? ¿Cuáles han sido sus luces y sombras?

Los pasos dados hasta el momento, los juzgo muy positivos, porque se han dado desde un clima de comunión y de corresponsabilidad eclesial.

Los movimientos han convocado asambleas diocesanas para clarificar dudas y para analizar las dificultades del Anteproyecto. Se ha trabajado muy bien y con gran dedicación en las comisiones diocesanas, haciendo posible el enriquecimiento del Anteproyecto con atinadas aportaciones. En algunos momentos no han faltado las tensiones porque algunos consideraban que con la fusión se podría perder identidad. A mi modo de ver, es normal que surjan estas tensiones, puesto que la puesta en práctica del Anteproyecto supone renuncias por parte de todos y es necesario dar un paso hacia una nueva organización, de la que no se conocen sus resultados.

En medio de todo, no debemos olvidar que cualquier decisión en la vida supone riesgo, pero si no se toma esa decisión siempre estaremos en el mismo sitio. En todo momento, no debemos olvidar la constante acción del Espíritu y la finalidad del Anteproyecto, que consiste en crecer en la comunión y la corresponsabilidad entre los movimientos para ser más eficaces y más significativos en la misión, en la evangelización.

Los primeros tres grandes bloques del Anteproyecto de Nueva Configuración de la ACG, aluden a la “espiritualidad”, “misión” y “formación” de la ACG. ¿Qué perspectiva no debemos perder al situarnos ante ellos?

Estos tres grandes bloques son la fundamentación y la apoyatura del Anteproyecto. La organización de los movimientos debe surgir de una profunda vida espiritual, de una conciencia de misión y de la necesidad de la formación para progresar en el seguimiento de Jesucristo y para no dejarse arrastrar por los criterios del mundo. Si no fuese así, estaríamos construyendo un edificio sin cimientos. Nos encontraríamos ante una reflexión de un grupo de personas con muy buena intención, pero sin alma y sin corazón. Sin fundamentar los proyectos en la voluntad de Dios, sin escuchar su llamada y su invitación a salir en misión y sin un cambio en la forma de ver, de pensar y actuar acorde con los criterios evangélicos y con las exigencias de la realidad social y cultural actual, no tendría sentido cristiano todo el trabajo realizado hasta el momento presente.

Por lo tanto, yo considero básico e imprescindible el que todos nos situemos en las coordenadas que se apuntan en los tres primeros bloques del Anteproyecto. Me atrevería a decir que la organización es secundaria. Puede ser esta u otra. Eso se verá con el paso del tiempo. Si las exigencias de la evangelización lo demandan, debemos estar dispuestos a cambiar la organización cuantas veces sea necesario.

La evangelización es lo principal, lo prioritario. La organización es relativa, es un medio para evangelizar mejor. No podemos hacer absolutos de cosas que son relativas.

Los grandes cambios aparecen en el apartado de “Organización” ¿Por qué es importante y necesario acometer este cambio estructural en la Acción Católica General?

Yo no diría que los grandes cambios figuran en la organización. Como te acabo de contestar en tu pregunta anterior, la organización debe ser siempre algo secundario. Para que pueda funcionar bien la organización, es necesario que antes se produzcan profundos cambios en el interior de cada uno de nosotros, en cada uno de los militantes de Acción Católica. Si no se da esta conversión sincera al Señor y si no se mira la realidad con los ojos de Dios, difícilmente podrá funcionar esta u otra organización. Si verdaderamente confiamos en la presencia del Señor resucitado en medio de nosotros, si asumimos que el apostolado es un encargo del Señor y que para ello necesitamos impulsar una formación integral, no tendríamos miedo a la organización.

El Evangelio es siempre el mismo, la misión evangelizadora también, pero la organización puede y debe cambiar cuantas veces sea necesario, porque el Señor, la Iglesia y la realidad nos lo piden para ser más eficaces en la evangelización. De hecho no todos los movimientos eclesiales tienen la misma organización. Las mismas diócesis españolas están dando pasos desde hace años buscando una nueva organización, teniendo en cuenta el territorio, la movilidad de la población, los cambios culturales, el número de sacerdotes y la incorporación de los laicos a la misión evangelizadora de la Iglesia. La misma Acción Católica ha actuado con distintas formas organizativas a lo largo de la historia.

¿Qué puede suponer este paso para la Acción Católica Española en su conjunto?

Los movimientos especializados juntamente con los generales forman la única Acción Católica. Ningún movimiento es Acción Católica desligado de los demás. Por esto los movimientos generales han querido compartir este Anteproyecto con los especializados para escuchar sus propuestas y acoger sus aportaciones.

Todos los movimientos coinciden en las notas de identidad señaladas por el Concilio Vaticano II, en las bases y estatutos de la Acción Católica, en la metodología, en la necesidad de una profunda espiritualidad, en la coordinación y en la necesidad de anunciar y dar testimonio de Jesucristo en medio del mundo. Lo único que diferencia a unos movimientos de otros es el hecho de que los movimientos especializados asumen una responsabilidad especial a la hora de evangelizar en el campo estudiantil, laboral, rural... y los movimientos generales están más centrados en la parroquia y en el ámbito social de la misma.

Si los tres movimientos generales de Acción Católica deciden fusionarse en un solo movimiento con tres sectores, esto será un profundo testimonio de comunión y de corresponsabilidad eclesial para la Iglesia y para los restantes movimientos de Acción Católica. Estoy seguro que este paso nos ayudará a todos a revisar el modo de evangelizar y los medios que utilizamos para ello.

¿Necesita la Acción Católica General dar este paso?

Como acabo de señalar, los movimientos generales de Acción Católica tienen su campo pastoral y evangelizador en la parroquia y en el ámbito socio-cultural, en la que esta está enclavada. Por lo tanto, sería una contradicción que los tres movimientos estuviesen presentes en una misma parroquia o en un arciprestazgo, intentando evangelizar a niños, jóvenes y adultos, y no se conociesen entre sí, no se encontrasen para la oración, no se relacionasen, no proyectasen juntos las actividades pastorales a realizar y no se apoyasen mutuamente en la realización de las mismas.

Pienso que la planificación conjunta y la puesta en práctica de lo programado con el apoyo de los militantes de todos los movimientos puede ser muy enriquecedora para estos, para la parroquia y para los destinatarios de los proyectos evangelizadores. Además, la vocación y misión de los tres movimientos es la que pide y justifica el trabajo común, ya que de este modo existirá una coherencia en cuanto a la formación y la espiritualidad, será normal el paso de un sector a otro, se reducirán mucho los aspectos organizativos y se podrá ofrecer a la parroquia un proyecto pastoral y misionero que sea eficaz para la formación integral, para el crecimiento espiritual, para el compromiso evangelizador y para el asociacionismo de grupos de niños, jóvenes y adultos.

¿Y lo necesita la Iglesia?

El Papa Juan Pablo II, en sus encuentros frecuentes con los movimientos de la Acción Católica italiana, solía decirles que la Iglesia necesita de la Acción Católica y, si esta no existiese, habría que inventarla. Los obispos españoles en el documento “Cristianos laicos, Iglesia en el mundo” manifiestan la necesidad de promover e impulsar la Acción Católica, en su doble vertiente: general y especializada, para responder evangélicamente a las demandas de una sociedad nueva y cambiante. Pero, en el mismo documento, los obispos invitaban a la Acción Católica a proseguir en su proceso de actualización y reconstrucción interna para responder a estos desafíos, siendo coherentes con las notas de identidad que la definen y teniendo en cuenta las orientaciones del magisterio y demandas de nuestras comunidades.

De acuerdo con lo dicho, parece muy claro que la Acción Católica es necesaria para impulsar un laicado maduro en la fe, evangelizador y militante, en estrecha colaboración con el ministerio pastoral. Y, al mismo tiempo, también se ve necesario el poner los medios para avanzar y progresar en la reconstrucción interna de la Acción Católica para responder a las exigencias de la nueva evangelización.

¿Cuál es la Acción Católica que “tiene futuro”?

La Acción Católica tendrá futuro, si está atenta a las insinuaciones del Espíritu, si permanece fiel a las notas de identidad señaladas en el Decreto sobre el Apostolado de los laicos del Concilio Vaticano II, si asume con decisión los contenidos de las Bases y Estatutos, si ayuda a sus militantes a vivir en cada momento la novedad del Evangelio y si se integra con decisión en la Iglesia diocesana y, más concretamente, en las parroquias. En todo momento la Acción Católica debe tener muy claro que no es para sí misma, sino para anunciar y dar testimonio de Cristo, colaborando con los restantes miembros de la comunidad cristiana y con otros movimientos apostólicos. Coincido con Don Antonio Dorado, cuando decía en la asamblea de la Acción Católica General de Adultos, celebrada en Málaga, que la Acción Católica “no tendrá futuro, si queda atada o anquilosada en esquemas ideológicos u organizativos caducos, ya sean antiguos o recientes”. Lo importante es descubrir constantemente la novedad del Evangelio, la necesidad de la conversión a Dios y la fecundidad de la colaboración de los fieles cristianos con sus pastores en la misión evangelizadora de la Iglesia.
 
 
Última actualización el Jueves, 20 de Noviembre de 2008 11:08