Introducción PDF Imprimir E-mail
Martes, 02 de Octubre de 2007 18:43
     
 
  La espiritualidad quiere ser el pilar en el que descanse todo el proyecto de ACG, lo vertebre y le dé consistencia. La espiritualidad de los miembros de ACG -niños, jóvenes y adultos- es la espiritualidad básica cristiana común a todos los bautizados, la llamada de Jesús, la unión con Él y la misión que nos encomienda. Su articulación organizada y su especial comunión con los Pastores de la Iglesia, bajo la acción del Espíritu Santo, sirven para dar mayor vigor y eficacia a su vocación y misión como seglares en la Iglesia, al servicio de todas las personas. La ACG, si es fiel a sus principios originarios, es “escuela de eclesialidad”. 
     
 
  ACG no tiene misión propia, sino que hace suya la misión apostólica de la Iglesia diocesana en cada comunidad parroquial. Hay un texto del Vaticano II que define de forma gráfica y según la tradición de la Iglesia la misión de la AC, en comunión con el fin general de la misma Iglesia. Se encuentra en el decreto Ad Gentes, n. 15. La expresión es “plantar la Iglesia”. Este texto da a ACG un título singular, le da el carácter de un “ministerio”, junto al ministerio ordenado o de los catequistas: “Para la plantación de la Iglesia y para el desarrollo de la comunidad cristiana son necesarios varios ministerios, que todos deben favorecer y cultivar diligentemente, con la vocación divina suscitada de entre la misma congregación de los fieles, entre los que se encuentran las funciones de los sacerdotes, de los diáconos y de los catequistas y la Acción Católica”. 
     
    Un empeño permanente de ACG es la formación de laicos maduros -niños, jóvenes y adultos- capaces de evangelizar. A ello ha dedicado tesón e iniciativas múltiples. Este empeño ha animado la tarea de educar la conciencia y la fe, profundizar en el mensaje del Evangelio, conocer con hondura al Señor y a la Iglesia, la vida de oración y contemplación y celebración de la fe. Esta formación, además, arranca de la vida; en ella la fe interpela al militante y le pide coherencia. Y así le capacita para llevar, con su estilo propio, el Evangelio a lo diario y al complejo tejido de la vida para impregnar toda la realidad del espíritu del Evangelio, tarea propia y peculiar de los laicos. 
     
    El Señor ha puesto en la Iglesia la llamada permanente a constituirse y a vivir como comunidad. La comunidad, que nace del Espíritu, es signo visible de unidad y es instrumento y matriz para la misión. Por ello, ACG, que aprende de la Iglesia, obra no sólo a través de cada uno de sus miembros, sino como asociación y organización en cuanto tal. Y ésta es su forma peculiar. Expresa ante todo, una realidad de comunión -laicos unidos- y una realidad asociativa y orgánica -a modo de cuerpo orgánico-. Así el viejo empeño formativo de la ACG se inserta con fuerza en el compromiso de formar para lo asociativo y comunitario. 
     
   
  En estos cuatro capítulos juntos está contenida la nueva configuración de ACG. Una propuesta que es el resultado de responder a estas dos preguntas:

¿Qué ha de significar ACG en la pastoral general de la Iglesia?

¿Cuál ha de ser su fisonomía para trabajar desde la parroquia en la evangelización que hoy se precisa?
 
   
  Asimismo, dos convicciones han estado presentes en la elaboración de este proyecto evangelizador:

ACG nace y vive en la Iglesia y al servicio de la misión apostólica de la Iglesia. Por tanto, ACG no es para sí y no tiene sentido en sí misma.

En la Iglesia todos estamos llamados a la plenitud de la vida cristiana. Por tanto, los niños, los jóvenes y los adultos son miembros vivos y activos de la Iglesia y evangelizadores comprometidos en su realidad.
 
   
Última actualización el Jueves, 11 de Junio de 2009 13:36
 
 

  
   
   
   
   
   
   
Trey Knight