50 Años de Cultura Popular
Martes, 20 de Enero de 2009 12:04
   
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Los Centros de Cultura Popular: un servicio eclesial
 
   
   
   
  El nacimiento de los Centros Católicos de Cultura Popular y Desarrollo de Adultos lo cuenta muy bien Mary Salas Larrázabal en el libro “Pilar Bellosillo: Nueva imagen de la mujer en la Iglesia”. Dice que se empiezan a gestar en los años cuarenta, cuando el papa Pío XII, pidió a las organizaciones femeninas católicas del mundo entero que trabajasen en la formación integral de la mujer que fuera capaz de asumir las nuevas responsabilidades que la sociedad le exigía.

 Aceptando este reto la UMOFC [Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas] lanza en 1956 una encuesta para conocer la formación que las mujeres católicas recibían a través de dichas organizaciones. El resultado fue muy contundente según nos explica Mary Salas. Las organizaciones de la UMOFC impartían una intensa formación religiosa, seguida de una fuerte formación familiar; pero la formación cultural era escasa y menor aún la formación de tipo social, político o cívico. Sin duda se pensaba que estas facetas de la formación humana no eran competencia de las organizaciones religiosas. El hecho cierto es que la encuesta puso de relieve que las mujeres católicas mostraban unas fuertes carencias culturales, que, según los comentarios hechos por la UMOFC en sus boletines, ponía en riesgo la misma formación religiosa por la falta de base en que sustentarla.

Pilar Bellosillo estudió con su equipo la forma de llevar a cabo esta acción en España. Apoyando un proyecto que la Comisión de Apostolado Rural, venía considerando desde hacia tiempo, se pensó en actuar en primer lugar a favor de las mujeres casadas del medio rural, que tenían mayor necesidad y menores oportunidades de acceder a la cultura.

La Acción Católica, siguiendo el espíritu de las organizaciones internacionales, intentó abrir el horizonte de la formación de las mujeres, más allá de lo puramente familiar, iniciando un camino innovador. El proyecto del equipo de Pilar Bellosillo intentaba un plan de formación “integral”, en el que se incluía el cultivo de todas las facetas de la persona, siguiendo los documentos de la UNESCO, de la OIT y de la JOC francesa, y también de la pedagogía de Paulo Freire.

Esa labor se realizó en centros especiales, creados con esta finalidad y localizados siempre que era posible fuera de los templos y las sacristías para facilitar la asistencia de las personas más alejadas de la Iglesia, porque se decidió que los Centros de Formación debían distinguirse bien de los de Acción Católica.

El Primer Curso para Instructoras (hoy Animadoras Socioculturales) se dio en Madrid del 27 de marzo al 30 de abril de 1959.
 
   
   
   
  Los Centros tuvieron desde un principio el carácter de entidades de educación de adultos en un sentido moderno que no se limitara a impartir unas enseñanzas sino que atendía conjuntamente al Saber, al Ser y al Hacer de las personas, entidades educativas cuya finalidad era preparar a las mujeres de los medios populares para que fueran capaces de estar a la altura de las exigencias de una sociedad en mutación.

Atender al ”saber” que abarca los conocimientos que se precisan para asumir la actitud conveniente como miembros de una colectividad, de una familia, de una clase social, de una sociedad; para realizar las tareas profesionales y sociales de que uno es responsable; para estar al nivel de conocimientos propios del tiempo en que se vive. Para eso hace falta la cultura general, la cultura profesional o específica, la cultura cristiana que le ayuda a uno a desarrollar su dimensión religiosa, y la cultura social que le hace sentirse solidario del pueblo para su liberación y promoción.

Se atiende al “ser” cuando la cultura trata de desarrollar al hombre, a la mujer. Cuando tiende a que tenga mayor conciencia de lo que hoy pasa y de lo que mañana puede pasar; de lo que es, y de lo que está llamado a ser, y de lo que podrá ser en el futuro, según cómo ahora sea y actúe. La cultura hace que el hombre descubra sus posibilidades. Le hace a uno ser quien es. Como ciudadano y como cristiano: como ciudadano, confrontando sus vivencias actuales con las exigencias y con las posibilidades que existen de lograr una sociedad con mayor justicia, libertad e igual; como cristiano, confrontando su existencia con el mensaje evangélico. Solo aquel que ha descubierto su propio ser puede cultivarlo y perfeccionarlo.

Atención al “hacer” cuando la cultura que impulsa a obrar y a obrar bien. Por eso, en los Centros, quienes en ellos participen, deberán aprender a hacer la crítica de la situación del pueblo, pues sin crítica no se puede tomar actitud.

Para ello los Centros de Cultura Popular se proponen:

Descubrir los objetivos a los cuales está ligada la liberación y la promoción de ese mismo pueblo.

Conocer y valorar los medios justos y eficaces para aproximarse a aquellos objetivos.

Desarrollar en sí mismos el modo de ser adecuado, el conjunto de aptitudes y actitudes, la mística o moral de acción que se necesita encarnar, para ser, no simplemente demoledores sino auténticos constructores de una sociedad nueva, más justa y humana.
 
   
   
   
  Así... en el ideario reelaborado en 1982 se concretaban los PRESUPUESTOS FUNDAMENTALES del trabajo de los Centros:

Toda PERSONA tiene derecho a la educación y promoción, en auténtica igualdad de oportunidades.

La SOCIEDAD debe fomentar y garantizar la acción educativa, al servicio de los derechos del hombre.

La IGLESIA puede ejercer su misión evangelizadora en Centros educativos propios o, incluso, en Centros no propios, como respuesta a los hombres y mujeres que libremente se la pidan.

Definen su IDENTIDAD como un servicio eclesial promovido y animado por la Acción Católica General, signo de una presencia de la Iglesia al servicio de la educación y promoción del adulto en ambientes populares. Como tal servicio comunitario integra a animadores, colaboradores y hombres y mujeres que asisten a los Centros, para colaborar en la construcción de la comunidad social, con una clara visión histórico-temporal. Dirigidos a adultos interesados en el descubrimiento, que estimen de los valores que encierra el mundo de la cultura, y en la realización de una auténtica promoción socio-cultural. Tienen una intencionalidad cristiana que impregna de espíritu evangélico todo el estilo de vida y toda la acción educativa y se expresa dando una visión cristiana del mundo y del hombre y promoviendo las actitudes propias de ese cristianismo para lograr una sociedad más justa, libre y veraz.

Se concreta con los OBJETIVOS de:

Cultivar en las personas su inteligencia creándole hábitos de reflexión e inquietud por el saber, su capacidad de contemplación y admiración, su iniciativa y creatividad

Desarrollar su capacidad de diálogo

Formar su sensibilidad crítica, para enjuiciar con objetividad las acciones propias y ajenas, así como la realidad en que vive.

Descubrir y orientar su aptitud personal hacia una responsabilidad familiar y social.

Manifestar, a través de la cultura, opciones y relaciones, el sentido absoluto y trascendente que disponga a una libre acogida del don gratuito de la fe.
 
   
   
   
  Desde su inicio se han creado 228 Centros de Cultura Popular, repartidos en 9 Comunidades Autónomas españolas:

Andalucía: Sevilla, Granada, Córdoba y Cádiz.
Aragón: Huesca, Teruel y Zaragoza.
Canarias: Sta. Cruz de Tenerife.
Castilla y León: León, Zamora, Salamanca, Segovia, Burgos, Soria.
Castilla-La Mancha: Guadalajara, Toledo, Albacete, Ciudad Real, Cuenca.
Extremadura: Cáceres y Badajoz.
Murcia
País Vasco: Vitoria.
Comunidad Valenciana: Castellón, Valencia y Alicante.

Hoy funcionan 138 Centros, acompañados por 158 animadores socioculturales y 250 colaboradores. En Ávila, Badajoz y Barcelona existen Asociaciones de Centros de Cultura Popular y Promoción de Adultos con los que la Fundación colabora.

Hasta el año 2008 los Centros han atendido a 316.440 personas, el 90% mujeres. Y muchas de estás han pasado a trabajar como voluntarias en ayuntamientos, sindicatos, asociaciones de vecinos, asociaciones de padre, asociaciones culturales y otras instituciones.

67 Cursos de Formación de Animadores Socioculturales, acreditados por la Universidad Pontifica de Salamanca, con la asistencia de 5.640 personas.

34 Cursos de Actualización de Animadores Socioculturales con un total de 2.800 asistentes.

Dos Cursos de Estudios Complementarios al Curso de Animación Sociocultural, según convenio con la Universidad Pontificia de Salamanca, con un total de 50 asistentes.

21 publicaciones de estudios de temática de interés general.

Premio de Ministerio de Educación y Ciencia (1990) por su labor en la alfabetización de jóvenes y adultos.
 
   
   
   
  Los Centros de Cultura Popular son agentes de desarrollo comunitario, los logros o fallos que el Centro pueda tener van a repercutir de forma decisiva en el barrio, pueblo o zona donde estos estén enclavados. Sus tareas educativas no son cerradas, sino que por su misma dinámica se abren a las necesidades sentidas y tratan de dar respuesta a las mismas, desde una perspectiva de servicio a las exigencias que conllevan esas necesidades.

Funcionan en base a relaciones horizontales (animador-persona, persona-animador, grupo-animador, animador-grupo) creando una conciencia de comunidad madura y reflexiva, comprometiendo a la persona no solo en su propio desarrollo sino en el desarrollo de los demás miembros del grupo.

Los Centros de Cultura Popular generan procesos de participación en las personas, en lo individual, estimulan la emergencia de personas capaces de implicarse y comprometerse para aportar sus capacidades y habilidades en la transformación de su entorno o circunstancia inmediata, potenciarlas como sujetos sociales autónomos y organizados, solidarios y dialogantes con otras perspectivas y puntos de vista. En lo social, contribuyendo a fortalecer el tejido social mediante la participación en la vida asociativa y colectiva a través de organizaciones capaces de dar respuesta a problemas y necesidades que se dan en la sociedad. Y así durante estos 50 años han pasado por los Centros Católicos de Cultura Popular y Desarrollo de Adultos 316.440 personas. Muchas de esas mujeres están o han trabajado en asociaciones vecinales, asociaciones de madres y padres, sindicatos o partidos políticos. En muchas diócesis, los Centros de Cultura Popular también tienen representación en plataformas de participación ciudadana, de voluntariado o de fomento de la igualdad de la mujer.

Joan Bestad en la celebración del 40 Aniversario nos ofrecía este DECÁLOGO para conseguir la madurez humana y cristiana:
 
   
  Aceptad de buen grado vuestras cualidades y limitaciones.

No os dejéis llevar por “el qué dirán” ni por la moda. Que el motor de vuestra vida sean unas pocas convicciones sólidas: Creed firmemente en la paternidad de Dios y en la fraternidad humana.

Sed realistas: aceptad serenamente la realidad y no le tengáis miedo.

Sed críticos pero no amargos. La crítica sana y equilibrada ayuda a madurar. La amargura, en cambio, no es más que el fruto del resentimiento.

Respetad siempre las personas y las ideas de los demás, aunque no siempre podáis compartirlas.

Valorad y practicad la sociabilidad: los otros son necesarios para que vosotros podáis crecer y madurar.

Tened la nobleza de reconocer las cualidades de los otros y de alegraros de ellas; no son vuestros enemigos, sino los que os pueden complementar.

Aceptad con humildad la posibilidad del fracaso y no os derrumbéis ante el mismo.

No olvidéis el humor; es un factor muy sabio de sana relativización de las personas y de las cosas.

Actuad siempre con libertad y a la vez con responsabilidad. Saber combinar convenientemente libertad y responsabilidad es el signo más claro de madurez.
 
   
   

Última actualización el Martes, 27 de Enero de 2009 18:40
 
 

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