Testimonio del padre Marcelo de Uruguay

Testimonio del padre Marcelo de Uruguay.


 
Un saludo desde Uruguay a toda la Acción Católica General y a toda España.

Soy el padre Marcelo de Uruguay.

Primero que nada quería hacer llegar nuestro agradecimiento por regalarnos el poder vivir una experiencia tan maravillosa junto a ustedes en lo que fue la peregrinación y la asamblea vividas en Santiago de Compostela.

En este tiempo que ha pasado desde nuestra vuelta a Uruguay, he podido decantar en mi corazón y en mi oración muchas cosas, comenzando por tantas personas que en esos días Dios me regalo conocer y compartir un pequeño trecho del largo camino que es la vida.

Desde que partimos desde nuestras casas comenzó nuestra peregrinación, con la inquietud de la sorpresa de lo que nos esperaba en esos días que compartiríamos.

Dios nos regalo vivir cada momento con mucha intensidad… pero en cada momento nos puso personas que nos acompañaron y ayudaron a sentirnos no solo muy bien acogidos, sino en nuestra propia casa, en familia. Si tuviera que resumir en pocas palabras lo vivido, no dudaría en decir: fue una experiencia profunda de ser Iglesia, de sabernos familia peregrinando juntos en unidad, alegría y comunión. Una experiencia profunda de encuentro con Jesucristo resucitado que nos explico las escrituras, partió el Pan (Eucaristía) y nos hizo arder el corazón en el camino.

Sin duda también el cansancio, el dolor y la fatiga fueron parte de nuestro andar. Pero ante esas realidades no falto un “buen samaritano” que se acercara, curara y ayudara en las dificultades. Muchos eran parte de la organización a la cual quiero felicitar, ya que vivieron ese servicio con mucha dedicación y atentos en cada detalle.

La asamblea fue una experiencia importante. Estuvo cargada de experiencia y camino hecho, de entusiasmo y proyectos a realizar.

Las distintas instancias charlas y talleres, siempre brindaron aprendizajes y la posibilidad de hacerlo experiencia y oración en los grupos de vida. Sin duda se profundizo en la experiencia de fe, de ser y vivir nuestra vocación en Iglesia con el desafío y el regalo de “salir caminar y sembrar siempre de nuevo”.

Resumiendo fue una experiencia única, donde se respiro la Iglesia y se vivió la presencia de Dios… doy gracias a Dios y a ustedes por permitirnos ser parte de este momento histórico para toda la ACG.

Un abrazo grande a todos y seguimos caminando unidos en Jesús.