In memoriam de Conchita, una mujer de fe

Con el lema “Misión… JESÚS” hemos celebrado el encuentro del sector de adultos de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño de comienzo de curso

 
 
 

 

En el año 1969, una buena valenciana se enamoró de un burgalés viniendo a vivir a Alcalá de Henares y aterrizando en una parroquia “de locos” llamada S. Isidro. En la parroquia formaron parte de una gran comunidad cristiana donde aprendimos que Jesús nos llamaba para ser libres y comprometidos.

Desde entonces, Conchita, a pesar de su enfermedad ha vivido con una vitalidad envidiable, con una actitud de entrega y servicio, colaborando en catequesis, biblia, confirmación, Acción Católica, formación de jóvenes, grupos de enfermos y oración, así como en el Consejo Parroquial y en la Casa de Acogida Virgen de las Angustias… para ella las personas eran un reflejo de Jesucristo y así las trataba, como si fueran el mismo Cristo. Cuando se encontraba en la calle alguno de los beneficiarios de la Casa de Acogida siempre le saludaban y le daban las gracias, otros se abrazaban a ella. Miraba a las personas a los ojos y les hacía entender que de verdad le importaban. Veía a Dios en todos los acontecimientos de su vida. Faltaba pan en la Casa de Acogida y llegaba un panadero con el pan que le había sobrado del día, ella sabía que la mano de la Providencia divina estaba allí. Fue evangelizada y vivió evangelizando hasta el último momento.

Supo prepararse para el encuentro con el Padre. No abandonó nunca la oración, siempre buscó más cercanía con Él que luego reflejaba en su mirada y gestos. Supo ser una mujer contemplativa en la acción.

Su casa siempre estuvo abierta de par en par, allí se celebraban todo tipo de reuniones, desde una Eucaristía hasta una paella. Sus nietos la adoraban y poner el belén con ellos era todo un acontecimiento.

Agradecemos a Dios este regalo de la vida de Conchita y su paso por este mundo, donde ha dejado tantos amigos y amigas que siempre la recordaremos con el mismo cariño que ella siempre nos demostró.

Gracias Conchita porque has sabido colaborar eficazmente en hacer más presente el Reino de Dios aquí y ahora.


Esta era su oración preferida:

Al final del camino
solo me dirán: ¿Has amado?
Yo no diré nada
Abriré mis manos vacías y
El corazón lleno de nombres.

Descansa en la paz del Señor.