Preparando el Domingo

“RECIBID EL ESPÍRITU SANTO”

31 de mayo de 2020 (Solemnidad de Pentecostés)

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adultos

 
  • Hechos 2,1-8 ● “Se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar”
  • Salmo 103 ● ”Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra”
  • 1 Corintios 12, 3b-7.12-13 ● “Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo”
  • Juan 20, 19-23 ● “Recibid el Espíritu Santo”

 

En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: «¡La paz esté con vosotros!». Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Él repitió: «¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros». Después sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos».

Juan 20, 19-23

 

 

BAJO EL ALIENTO DEL ESPÍRITU

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Hoy llegamos al final del tiempo de Pascua con la Solemnidad de Pentecostés. Celebramos la efusión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles reunidos en oración, y el comienzo de la Iglesia y su misión evangelizadora. Por eso hoy también se celebra el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar. Y la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar ha editado un material de reflexión con el lema: “Hacia un renovado Pentecostés”, del cual tomamos algunos párrafos.

 
 

JUZGAR

 

Celebramos esta Solemnidad de Pentecostés, Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, inmersos en el proceso de “desescalada” y “todavía con las huellas de la larga y dolorosa prueba a la que han sido sometidos todos los pueblos del mundo, con la terrible pandemia de la Covid-19. Esta experiencia dura nos interpela para que en todo momento nos duela el sufrimiento humano que nos rodea, en todas sus formas, como auténtica expresión de la cruz de Cristo”.

Pero también “la celebración de Pentecostés se sitúa también en continuidad con el Congreso de Laicos, en el que hemos sentido la llamada a vivir como Iglesia un renovado Pentecostés. Ahora se trata de dar continuidad a este anhelo de trabajar como Pueblo de Dios, valorando la vocación laical y lo que aporta a nuestra Iglesia en el momento actual”.

Esta continuidad “es un camino abierto y depende de todos nosotros: obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, laicos y laicas. Todos nos necesitamos. La pandemia de la Covid-19 nos ha servido para tomar conciencia de que no sólo a nivel de Iglesia, sino también de sociedad, todos nos necesitamos, porque de la conducta de uno depende el destino de los otros”.

Por tanto, no sólo el camino recorrido hasta la celebración del Congreso de Laicos, sino también la crisis provocada por el coronavirus, son una oportunidad para que se produzca un renovado Pentecostés. “Y sabremos que estamos caminando hacia un renovado Pentecostés si como Iglesia, Pueblo de Dios en salida, viviendo en comunión, nos ponemos manos a la obra en la misión evangelizadora desde el primer anuncio, creando una cultura del acompañamiento, fomentando la formación de los fieles laicos y haciéndonos presentes en la vida pública para compartir nuestra esperanza y ofrecer nuestra fe”.

Un renovado Pentecostés que no es un escapismo espiritualista, sino un compromiso que se enraíza plena y profundamente en la realidad: “Cada día somos más conscientes de estar llamados a ser minorías creativas, que sepan aprovechar las nuevas oportunidades y los nuevos espacios para anunciar a Jesucristo y el kerigma. Hemos aceptado la idea de que la fe se propone y nunca se impone, comprendiendo que nuestra labor consiste en anunciar, acompañar, ofrecer el Evangelio en un contexto de crisis”.

En esa realidad descubrimos que “los nuevos tiempos traen nuevas preguntas… los cambios antropológicos y culturales que estamos viviendo se convierten para nosotros en retos, como pueden ser: el protagonismo que están adquiriendo las mujeres; el sabernos situados del lado de quienes sufren; el cuidado de nuestro planeta como casa común y obra de Dios… Todos estos, entre otros, suponen signos de ánimo y esperanza”. Para responder a estos retos, nos dice el Papa Francisco: “Tú también necesitas concebir la totalidad de tu vida como una misión. Inténtalo, escuchando a Dios en la oración y reconociendo los signos que él te da. Pregúntale siempre al Espíritu qué espera Jesús de ti en cada momento de tu existencia y en cada opción que debas tomar, para discernir el lugar que eso ocupa en tu propia misión. Y permítele que forje en ti ese misterio personal que refleje a Jesucristo en el mundo de hoy” (GE 23).

 

ACTUAR

 

Concebir nuestra vida como misión supone, “a nivel personal”, que “la fe se ha de hacer vida, pasando de la teoría a la experiencia”. Y esto “tiene que expresarse en la dimensión eclesial, en la dimensión social y política de la fe. En lo eclesial porque nadie se salva solo y porque es la Iglesia, Pueblo de Dios, la que evangeliza. En lo social y lo político porque el amor que configura nuestra humanidad genera unas relaciones sociales, interpersonales y, en consecuencia, políticas, nuevas; unas relaciones que no se agotan en el pequeño círculo de mi familia o mi comunidad parroquial, o mi movimiento, sino que queremos que sean la trama sobre la que construir todas nuestras relaciones sociales”.

Celebrar Pentecostés en el contexto actual nos mueve a orar “para que sigamos viviendo en actitud de esperanza en Cristo resucitado, que ha vencido el dolor y la muerte, y bajo la guía del Espíritu Santo, que nos invita a confiar en la promesa de que Jesús va a estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo” (cf. Mt 28, 20).

Y con esta esperanza, celebrar Pentecostés en el contexto actual “nos invita a ir sin miedo con el anuncio misionero, allí donde nos encontremos y con quien estemos, en el barrio, en el estudio, en la familia, en el deporte, en las salidas con los amigos, en el voluntariado o en el trabajo”. Pidamos hoy que “la fuerza resucitadora del Espíritu también acompañe a nuestro pueblo y sane los corazones desgarrados, que nos llene de esperanza y sigamos siendo Iglesia en salida, que busca un renovado Pentecostés en estos momentos actuales”.