Preparando el Domingo

 “JOSÉ HIZO LO QUE LE HABÍA MANDADO EL ÁNGEL DEL SEÑOR”

19 de marzo 2019  (Solemnidad de San José)

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adultos 

 
  • Primera lectura ● 2 Samuel 7, 4-5a.12-14a.16 ● “El Señor Dios le dará el trono de David, su padre”
  • Salmo ● Salmo 88 ● ”Su linaje será perpetuo”
  • Segunda lectura ● Romanos 4, 13.16-18.22 ● “Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza”
  • Evangelio ● Mateo 1, 16.18-21.24 ● “José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor”

 

Jacob de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es el Mesías. El nacimiento de Jesucristo fue así: María, su madre, estaba desposada con José, y, antes de que vivieran juntos, se encontró encinta por virtud del Espíritu Santo. José, su marido, que era un hombre justo y no quería denunciarla, decidió dejarla en secreto. Estaba pensando en esto, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no tengas ningún reparo en recibir en tu casa a María, tu mujer, pues el hijo que ha concebido viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». Cuando José despertó del sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió en su casa a su mujer.

Mateo 1, 16.18-21.24

 

 

"EL SANTO DE LA PUERTA DE AL LADO"

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Una de las expresiones del Papa Francisco en “Gaudete et exsultate” sobre la santidad en el mundo actual que más rápido ha calado entre la gente es la que hace referencia a “los santos de la puerta de al lado”. En concreto, el Papa dice: “Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios” (7). El Papa ha expuesto algo que ya “sabemos”, pero que en la práctica no acabamos de creer: que “para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra” (14).

 

JUZGAR

 

Hoy celebramos a San José, esposo de la Virgen María. Aunque es un Santo oficialmente reconocido y que ocupa un lugar importante en la Iglesia, bien podría considerársele como uno de esos “santos de la puerta de al lado”, porque él, como dice el Papa, vivió como amor y ofreció el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde se encontró. Y por eso podemos “verle” reflejado en nuestro entorno y por eso sentirle muy cercano a nosotros.

De San José sabemos poco, sólo es mencionado por Mateo y Lucas al narrar la infancia de Jesús. Mateo dice de José que era “justo” y que era carpintero (cfr. Mt 13, 55). Lo mismo que a menudo sabemos poco de nuestros vecinos, apenas que son “buenas personas” y trabajadoras.

José se encontró con que María, su prometida, antes de vivir juntos, está esperando un hijo, y tomó la decisión de repudiarla. Seguro que también conocemos muchos casos de situaciones familiares complicadas y personas que toman la decisión de terminar con su compromiso matrimonial.

Pero José, sorprendentemente, se llevó a casa a María. Y aquí es donde empiezan a notarse diferencias entre José y las personas de nuestro entorno: porque José fue un hombre de fe, y toda su vida estuvo marcada y guiada por esa fe. Y personas así ya no conocemos tantas.

José se ve enfrentado al Misterio de Dios; va a formar parte de algo que cambiará el curso de la Historia. El Dios Todopoderoso quiere contar con él, un hombre anónimo, un simple carpintero de Nazaret, para que sea nada más y nada menos que el padre legal del Hijo de Dios hecho hombre.

La santidad de José se manifiesta precisamente en la humildad con que acoge esta misión, y en la obediencia que va a seguir a partir de ese momento a lo que Dios le vaya pidiendo, y que realizará a través de las circunstancias y vicisitudes propias de una vida ordinaria y anónima.

La santidad de José se manifiesta en que da un enorme salto de fe en el vacío, asume su misión con responsabilidad adulta, participando en el Misterio con plena disponibilidad, renunciando a todo protagonismo y quedando en segundo plano, detrás de Jesús y de María. 

 

ACTUAR

 

San José, como es un “santo de la puerta de al lado”, aparece como un modelo de fe para todos. A veces nos preguntamos cómo ser buenos cristianos, y en San José encontramos la respuesta de lo que es una vida cristiana vivida en plenitud: hacer lo que Dios nos pide. Y San José es un modelo claro y cercano de cómo se cumple la voluntad de Dios, aunque a veces no resulte fácil.

El ángel dijo a José que no temiera, y así realizó lo que el Papa nos dice: “No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó” (32) “No tengas miedo de apuntar más alto, de dejarte amar y liberar por Dios” (34). Ésa fue la experiencia de San José.

Por eso el Papa nos dice: “Tú también necesitas concebir la totalidad de tu vida como una misión” (23). “Esa misión tiene su sentido pleno en Cristo y sólo se entiende desde Él. En el fondo la santidad es vivir en unión con Él los misterios de Su vida” (20). San José, “el santo de la puerta de al lado”, nos enseña a ser santos, porque también a nosotros, personas anónimas, Dios nos encarga una misión. San José nos enseña a fiarnos de Dios y de su Palabra, viviendo esa nuestra misión en lo cotidiano, con alegrías y problemas, pero siempre abiertos a Él y en plena disponibilidad y obediencia a su voluntad, como lo hizo San José.

 

“SI NO OS CONVERTÍS, TODOS PERECERÉIS DE LA MISMA MANERA”

24 de marzo 2019 (III Domingo de Cuaresma)

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adultos

 
  • Primera lectura ● Éxodo 3,1-8a.13-15 ● “«Yo soy» me envía a vosotros”
  • Salmo ● Salmo 120 ● ”El Señor es compasivo y misericordioso”
  • Segunda lectura ● 1 Corintios 10, 1-6.10-12 ● “La vida del pueblo con Moisés en el desierto se escribió para escarmiento”
  • Evangelio ● Lucas 13, 1-9 ● “Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”

 

En aquel momento llegaron algunos anunciándole que Pilato había matado a unos galileos, mezclando su sangre con la de las víctimas que ofrecían en sacrifi cio. Jesús les dijo: «¿Pensáis que esos galileos eran los más pecadores de todos los galileos porque sufrieron eso? Os digo que no; y, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. ¿Creéis que aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé y los mató eran los únicos culpables entre todos los vecinos de Jerusalén? Os digo que no. Todos pereceréis igualmente si no os arrepentís». Les contó esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña; fue a buscar higos en ella, y no los encontró. Dijo al viñador: Hace ya tres años que vengo a buscar higos en ella y no los encuentro. Córtala. ¿Por qué va a ocupar un terreno inútilmente? El viñador dijo: Señor, déjala también este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da higos; si no los da, la cortas».

Lucas 13, 1-9

 

 

"DESCÁLZATE"

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En algunas zonas de parques y jardines es común encontrarse con la indicación: “Prohibido pisar el césped”. También en museos y edificios históricos hay algunas zonas acotadas que no se pueden pisar por haber mosaicos muy antiguos. En lugares con suelos de parqué para entrar hay que quitarse los zapatos de calle y ponerse otros más suaves. Estas precauciones son necesarias ya que a menudo pisamos sin fijarnos en dónde estamos, y podemos provocar daños graves. Y no sólo con los pies: muchas veces “pisoteamos” a otras personas o realidades, cuando de diferentes formas no los tratamos con el respeto debido, los humillamos o usamos violencia verbal, física o emocional.

 

JUZGAR

 

En la 1ª lectura hemos escuchado que Dios advierte a Moisés: quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado. Moisés estaba pastoreando el rebaño, y no había caído en la cuenta que había llegado al Horeb, el monte de Dios; y ahí no se puede entrar de cualquier manera, hay que “descalzarse”. Quitarse el calzado es un signo de respeto, de reverencia, de no querer manchar ese lugar sagrado con la suciedad de los caminos.

Este tercer domingo de Cuaresma nos invita a reflexionar sobre los diferentes “terrenos sagrados” por los que se desarrolla nuestra vida cotidiana, y nuestro modo de estar en ellos. Porque quizá, como le ocurrió a Moisés, no somos conscientes de cuándo estamos en “terrenos sagrados” y “entramos” de cualquier modo en ellos, sin el respeto y consideración debidos. Y son terrenos sagrados porque son diferentes formas en las que Dios se hace presente en nuestra vida.

Un aspecto de la conversión cuaresmal consiste en aprender a identificar el paso de Dios por nuestra vida. Por eso, como decía el Señor en el Evangelio, si no os convertís, todos pereceréis… Si no cambiamos nuestra actitud, “pereceremos” porque no descubrimos al que es la Vida, y nos pasará como a esa higuera de la parábola, que estaremos ocupando terreno en balde, sin dar fruto:

El primer “terreno sagrado” es el templo: ¿Cómo valoro poder disponer de un templo para orar y celebrar la fe? Desde el instante en que entro, ¿guardo y ayudo a guardar el silencio y comportamiento que favorezcan el recogimiento? ¿Colaboro en su limpieza y mantenimiento?

También es “terreno sagrado” el Equipo de Vida, el grupo de formación: ¿Preparo la reunión con antelación y seriedad? ¿Participo de forma consciente y activa? ¿Qué aporto al Equipo?
Igualmente, el otro es “terreno sagrado”: ¿Cómo me comporto con mi familia, amigos, compañeros de trabajo, vecinos… sean o no creyentes? ¿Sé escuchar, acoger… o les “pisoteo” si no sirven a mis intereses? ¿Cómo es mi relación con los otros miembros de mi parroquia? ¿Qué hago para que seamos “comunidad, Iglesia”? ¿He asumido algún compromiso evangelizador para dar testimonio y acompañar en la fe a otros, o me desentiendo y voy a la mía?

Y la naturaleza es el gran “terreno sagrado”: ¿Tengo hábitos ecológicos? ¿Procuro separar los residuos y reciclar, aunque me cueste? ¿Consumo lo necesario, o despilfarro? ¿Miro las etiquetas?

La respuesta sincera a estas preguntas nos indicará nuestro grado de conciencia de los diferentes “terrenos sagrados” en los que habitualmente desarrollamos nuestra vida, y también veremos si “entramos con cuidado” en ellos, si nos “descalzamos”, o bien los pisoteamos de una manera más o menos intencionada.

 

ACTUAR

 

Como decía san Pablo en la 2ª lectura: Estas cosas sucedieron en figura para nosotros. Contemplar hoy a Moisés descalzándose al saber que está en terreno sagrado nos ha de motivar para “descalzarnos” de nuestro individualismo y falta de compromiso, de nuestro orgullo, de nuestras supuestas seguridades, para no pisotear a nada ni a nadie y no seamos estériles como la higuera de la parábola.

La Cuaresma es el tiempo en que Jesús, como el viñador, dice de cada uno nosotros: déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Él nos ofrece su Palabra, su Cuerpo y su Sangre, para que no perezcamos. Aprovechemos la oportunidad “este año” de darnos cuenta de cuántos terrenos sagrados tenemos cerca de nosotros, para convertirnos y no pisotearlos más, sino “descalzarnos” y, con humildad y confianza, podamos dar los frutos que Dios espera de nosotros.