Preparando el Domingo

 "MI CARNE ES VERDADERA COMIDA, Y MI SANGRE ES VERDADERA BEBIDA"

19 de agosto de 2018  (XX Domingo del Tiempo Ordinario)

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adultos 

 
  • Primera lectura ● Proverbios 9, 1-6 ● “Comed de mi pan y bebed el vino que he mezclado”
  • Salmo ● Salmo 33 ● ”¡Gustad y ved que bueno es el Señor!”
  • Segunda lectura ● Efesio 5, 15-20 ● “Daos cuenta de lo que el Señor quiere”
  • Evangelio ● Marcos 6, 51-58 ● “Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida”

 

«Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». Los judíos discutían entre ellos: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del hijo del hombre y no bebéis su sangre no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él. Como el Padre que me ha enviado vive y yo vivo por el Padre, así el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el que comieron los padres, y murieron. El que come este pan vivirá eternamente».
Marcos 6, 51-58

 

 

RECUPERAR LA CULTURA DEL ESFUERZO

VER

 

A mediados de junio surgió la noticia de que un reciente estudio llevado a cabo por investigadores noruegos señalaba que el cociente de inteligencia de la población ha comenzado a caer, y que la caída comenzó con las personas nacidas en el año 1975, a pesar de la universalización de la enseñanza y de disponer de más medios de formación. Según los autores del estudio, el motivo no es una cuestión genética, sino que se debe a aspectos como los cambios en la forma de enseñanza, o la pérdida del hábito de la lectura de libros en favor de la televisión y los ordenadores y dispositivos móviles. Al parecer, tal como anunciaban con cierto humor los titulares de prensa y locutores de informativos, “nos estamos volviendo más tontos”.

 

JUZGAR

 

No hacía falta un estudio para darnos cuenta de que no sólo en cuanto al cociente de inteligencia, sino también en aspectos básicos y cotidianos de la vida, se percibe que son muchas las personas de todas las edades que actúan de modo impulsivo, primario, sin detenerse a pensar en las consecuencias, a veces muy graves e irreparables, de sus actos u omisiones. Y también se ven muchas personas que ante una dificultad o incluso un simple contratiempo se quedan paralizadas, sin capacidad de reacción, sin saber cómo actuar ni resolver el problema que se les ha presentado.
Ante esta realidad, necesitamos escuchar las palabras que en la 1ª lectura el autor del libro de los Proverbios pone en boca de la Sabiduría: Los inexpertos, que vengan aquí, voy a hablar a los faltos de juicio. Esta Sabiduría personificada prefigura a Jesucristo, pero en el Antiguo Testamento, la Sabiduría era un concepto que abarcaba múltiples aspectos, desde la destreza para realizar un trabajo manual, pasando por el acierto para desenvolverse en la vida familiar y social, hasta la capacidad intelectual. Por tanto, sabio no es el que conoce muchas cosas, sino el que se conoce a sí mismo y sabe estar ante los demás, ante las cosas y ante Dios (Introducción a los escritos sapienciales en “La Biblia” de La Casa de la Biblia).
Y para que podamos ser “sabios”, la Sabiduría ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la mesa, que también es una figura del banquete Eucarístico.
Necesitamos ser “sabios” en la vida, y para ello el Señor viene a nuestro encuentro en la Eucaristía: El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. La Eucaristía es el modo privilegiado por el que el Señor habita en nuestro interior para darnos vida, para enseñarnos a “vivir”, para que seamos “sabios” conociéndonos a nosotros mismos y sabiendo actuar ante los demás, ante las cosas de la vida, y ante Dios.
El domingo pasado decíamos que sólo un pequeño porcentaje de quienes se declaran católicos participa habitualmente en la Eucaristía dominical, el banquete que el Señor nos prepara. De ahí que también tenemos que dejarnos cuestionar por las palabras de Jesús en el Evangelio: Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. No debe extrañarnos que no “sepamos vivir”, puesto que nos falta el alimento necesario y, como en el caso del estudio científico, lo hemos sustituido por otras actividades que nos vuelven “tontos”.
San Pablo, en la 2ª lectura, daba a los Efesios unos consejos que también debemos escuchar. Fijaos bien cómo andáis: Fijémonos a qué nos está conduciendo que la Eucaristía no sea el centro de nuestra vida. No seáis insensatos, sino sensatos: es de insensatos dejar voluntariamente de tomar este Alimento que es el mismo Cristo. Daos cuenta de lo que el Señor quiere: y lo que el Señor quiere es que tengamos vida: ya ahora quiere darnos “sabiduría” para vivir porque el que me come vivirá por mí, y además nos da la vida eterna porque el que come este pan vivirá para siempre.

 

ACTUAR

 

¿Estoy de acuerdo con ese estudio sobre la caída del cociente intelectual? ¿“Sé vivir”? ¿La Eucaristía me hace crecer en “sabiduría”, me hace conocerme mejor a mí mismo, desenvolverme en la vida y afrontar decisiones y contratiempos, y sentirme habitado por el Señor, en su presencia?
Como pedía San Pablo, seamos sensatos, “sabios”: por nosotros y por tantos que no “saben vivir”. Que la Eucaristía sea el centro de nuestra vida, para mostrar en lo cotidiano que el Señor habita en nosotros, que es el verdadero Alimento para la vida del mundo, ya desde ahora y para siempre.