Entrevistas III Asamblea ACG: Emilio Inzaurraga

Emilio Inzaurraga 
Coordinador del FIAC




 

 

1.- Por favor preséntese, ¿quién es?, ¿de dónde viene?
Soy Emilio Inzaurraga, estoy casado con Claudia, con quien tenemos 4 hijos y la bendición de una familia. Vivimos en la provincia de Buenos Aires . Soy ingeniero especializado en administración y trabajo en una empresa (una PYME) como gerente y también soy profesor.

2.-¿Pertenece a Acción Católica o forma parte de alguna asociación eclesial?
Pertenezco a la AC y comparto esta vocación con mi esposa, que es dirigente nacional.

Fui presidente nacional en los últimos dos periodos.

Actualmente presido la Comisión Nacional de Justicia y Paz, que es un organismo de la Conferencia Episcopal Argentina y Coordino el Secretariado del Foro Internacional de AC.- FIAC - , que tiene sede en Roma.

3.- ¿Ha tenido la oportunidad de profundizar en el material ‘Laicos de parroquia caminando juntos’? ¿Qué le ha parecido?
Me gustó leerlo. Me pareció muy oportuno y con una dinámica que ayuda a quien lo trabaje a meterse en los grandes desafíos que tenemos por delante. Útil para la preparación de los que van a participar de la peregrinación y de la Asamblea y también para los que van a acompañar a la distancia. La centralidad de la Palabra y del Magisterio , la apertura de los temas y el método del ver-juzgar-actuar son una invitación a la reflexión y al compromiso. 

4.- Nos hemos propuesto caminar con los laicos de parroquia para generar una cultura vocacional que nos lleve a ser discípulos misioneros, ¿dónde cree que deberíamos poner mayor fuerza y hacia dónde considera que podríamos avanzar?
El centro es Cristo, Él nos convoca, Él nos anima, Él nos envía, Él nos sostiene!
La conversión pastoral en la Iglesia, supone un proceso de conversión personal para seguir a Jesus y darlo a conocer a los demás, y es también una conversión misionera. La propuesta de Jesus espera de nosotros una respuesta que incluye asumir la misión que nos da y eso debería reflejarse en toda nuestra vida personal y de nuestra comunidades. No es posible separar la vocación y la misión, por eso el término “discípulos misioneros” que expresa la identidad del miembro de AC.

Creo que hay que ofrecer caminos de discernimiento y espacios motivadores y sanadores. Ofrecer una formación que nos anime a la misión y espacios de participación significativos para los laicos, según su edad y realidad de vida, para vivir la solidaridad con los más frágiles. También acompañar a aquellos laicos que van madurando una participación social y política, haciendo opciones concretas.

5.- Nos planteamos dos retos fundamentales para nuestro encuentro con la sociedad de hoy: El diálogo con la increencia y el desarrollo de una ética común, ¿cuál piensa que es el papel de las parroquias en estos dos retos?
Plantearse estos retos es un buen comienzo. La parroquia puede ayudar abriéndose a la comunidad, al barrio, al pueblo en dialogo con todos los actores sociales. Si la parroquia es “madre de corazón abierto”, es “hospital de campaña” , buscando siempre el desarrollo humano integral y el bien de todos tiene que dialogar con toda la sociedad, con los otros creyentes que no forman parte de la Iglesia católica y también con las autoridades estatales. Esto implica salir, para estar en medio de la gente y allí escuchar, dialogar y compartir la Buena Noticia. Animarse a trabajar con todos los hombres y mujeres de buena voluntad especialmente por los alejados y excluidos.  

6.- ¿Cómo cree que podemos conseguir una implicación coherente de los cristianos en el mundo del trabajo, la familia, la política, la cultura?
Vivir a fondo nuestra fe , suscita en cada uno de nosotros el deseo de cambiar el mundo, de aportar en la construcción de la justicia y de la paz en todas sus dimensiones.

Creo que una implicación coherente, supone una vida coherente y ese es el primer paso: nuestro testimonio, o sea “alinear” lo que digo, con lo que hago, con lo que pienso; vivir lo que proponemos, cotidianamente en nuestra vida en los distintos ambientes en los que participamos. “El mundo contemporáneo necesita más testigos que maestros”, decía Pablo VI. Nuestra fe no es un refugio intimista, sino que lleva implícita una dimensión social y hay una íntima conexión entre evangelización y promoción humana.

Me viene a la mente una frase de la exhortación apostólica Evangelli Gaudiun “apasionados por Jesus y apasionados por nuestro pueblo”.